«La vida es como nos la contamos» sabia frase de mi maestra de meditación. En una comida familiar, ella recibió el tradicional bombardeo que nos propinan a las treintañeras sin hijos ni pareja. Y peor para una soltera cuando se acerca San Valentín.

Al volver a su casa, (un increíble e iluminado estudio de diseño con sala para hacer yoga y que que comparte con su perro y gato) se dijo a sí misma: puedo contarme la historia en modo drama «Sola con mi soledad, al estilo la vieja canción de Marisela» o puedo verlo como «¡qué rica vida en libertad tengo!» Entonces, se preparó un té, aplicó una mascarilla, sirvió las respectivas croquetas y se echó a ver Netflix hasta la hora de la madrugada que se le dio la gana.

Soltera en san Valentín… ¡y a mucha honra!

Tú decides lo que te cuentas a ti misma sobre tu propia existencia e historia de vida, de ahí dependerá si la sufres o la disfrutas.

Aquí, opciones para las que deciden disfrutar su vida como se presenta en cada momento. Porque también hay que disfrutarlo cuando haya pareja. Pero ese es otro boleto. Hay una contradicción (muy humana) porque los casados o emparejados añoran e idealizan la soltería y los solteros se la viven pensando en cómo conseguir la pareja. ¡Salgamos de ese rollo!

Poner el foco en lo que sí tienes

Muchas veces pensamos en ese príncipe azul que nomás no llega, aquel ex maldito que no regresa, el del bar que nos dejó en visto, el de Tinder que te hace ghosthing, esa pareja ideal al mando del asador que quisiera nuestra familia en sus comidas.

Entonces nos perdemos de disfrutar… e incluso ver, lo que sí tenemos en nuestras narices. Esas amigas incondicionales, el amigo increíble que te cuida, la mamá que está viva y cerca, el hermano que te procura, la tía confidente, la maestra consejera, las primas divertidas, los compañeros leales del trabajo o la escuela, las mascotas que son nuestro San Valentín de cada día… el trabajo, el departamento, dinero para pagarte cosas, buena salud, las piernas de oro, un par de ojos hermosos, juventud, libertaaaaad… ¡y tú misma! Pon foco en lo que está vivo, presente y existe hoy… nada garantiza que seguirá ahí el día de mañana ni pasado mañana.

Haz lo que tú quieras

Lo bueno de no tener pareja en San Valentín (y mil días más) es que no tienes que verte obligada a las actividades típicas del 14 de febrero ni a ceder o negociar planes, regalos ni nada.

¿Quieres encerrón de mascarillla y Netflix como mi maestra?, date; ¿quieres ir de bar con los amigos?, vas; ¿quieres comer y echar el chisme con las amigas?, órale; ¿prefieres apoyar a la fundación y repartir chocolates?, reparte; ¿quieres ir con tu mamá y echarte en su cama?, dale. Si te fijas bien, las posibilidades son infinitas, ¡aprovéchalas!

Sé tu propia San Valentín

Lo único que sí te recomiendo, sobre todo si te pega no tener pareja este día, es que seas tu propia fuente de amor. A modo de ejercicio de sensibilización, escríbete (sí, a ti misma) una carta linda que realce tus virtudes o se agradezca o se comprometa a algo personal. Cómprate unas flores que te encanten, una caja de chocolates o una joya hermosa como autoregalo, un peluche… o todo lo contrario a este día.

Sugerencias de Tous #StayTender

Date cuenta que no solo la pareja es fuente de amor en la vida y que los seres queridos y tú misma pueden darte lo que necesitas.

Y si eres hard core hasta vete al cine o a comer sola ese día, tú muy soltera y orgullosa frente a las parejas festejadoras. Ya llegará una pareja, pero el amor ya llegó, no lo desperdicies.

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