Por: Idalia Candelas

Pocas veces nos miramos al espejo para fines distintos a la vanidad, hoy es uno de esos días en los que me enfrento a mi reflejo; nos miramos a los ojos y nos reconocemos, nos miramos muy de cerca y, entonces, hablamos al mismo tiempo.

Hace tres años recibí una mala noticia, a mi tía Marcela, mi segunda madre, le diagnosticaron cáncer, un cáncer que se detectó en una fase temprana, así, mirándose al espejo, reconociéndose y detectando que algo andaba mal. Fueron tiempos difíciles, pero mi tía, que no tiene hijos, pudo contar siempre con sus sobrinos.

De vez en cuando, una ansiedad se ha apoderado de mí, y el miedo, un miedo espeso al saber que a mí me puede tocar. Respiro, me miro, luego cierro mis ojos y repito en mi cabeza que me amo mucho. No sé cuánto tiempo ha pasado, pero al abrir los ojos y verme de nuevo al espejo, me siento mejor, más liviana, más tranquila. En lo que me visto, le llamo a mi tía y la felicito, la han dado de alta después de haberle hecho una mastectomía hace dos años.

Hemos luchado juntas, lloramos un poco y reímos después con la promesa de que juntas saldremos adelante.

Solas podemos, pero ¡juntas somos más fuertes!

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