¡Qué horrible se siente un ataque de ansiedad!, es muy común en nuestros días con el mundo acelerado y altamente exigente que vivimos… y en el que permitimos que todo sea más importante antes que atender nuestro bienestar y salud emocional.

La angustia, desesperación y ansiedad (depende del grado de intensidad) suele presentarse por tener constantes pensamientos catastróficos sobre el futuro: me van a despedir, me volveré pobre, me voy a quedar como la señora de los gatos, se va caer el avión si viajo, me van a rechazar si pido tal, me voy a morir por equis razón, estoy enloqueciendo como Chuchita, a mis hij@s les va pasar lo de tal programa…  y mil ejemplos por el estilo.

Si te fijas bien, estamos sufriendo «anticipadamente» por situaciones que no forman parte de nuestra realidad ya que no es algo que estamos viviendo en el presente, aunque estemos actuando como Nostradamus con las predicciones del futuro y con bases reales… ¡no está pasando!.

También suele haber de fondo, un sentimiento profundo de soledad, que aunque estemos rodeados de gente, no  nos sentimos apoyados realmente por nuestro entorno.

La ansiedad y sus posibles ataques que se presentan cuando menos lo esperas, no son cosa con la que debamos acostumbrarnos a vivir, son mensajes de nuestro organismo que piden ser atendidas y resueltas atacando muchos flancos o áreas de la vida.

La mejor solución es holística, es decir, la suma de diversas acciones, vamos de menos a más.

Qué hacer ante la ansiedad

1.Tés relajantes

De tisana, tila o valeriana y reduce al mínimo o evita la cafeína. Muchas personas reportan sentir más ansiedad hacia la hora de dormir, así que un tecito para finalizar tu día no es mala idea. O a la hora que sientas conveniente, pero vuélvelo costumbre.

tomar té

2.Técnicas de postura y respiración

La respiración juega un papel fundamental tanto en periodos de ansiedad leve y crónica, como en ataques intensos y cortos de la misma. La postura requiere ser arraigada (plantar fuerte los pies sobre la tierra/piso y abrir el pecho de manera que reciba aire, enderezando la columna).

Apréndete mínimo dos o tres técnicas para que las emplees cuando más necesitas. Te dejo la que yo aplico, me la enseñaron en yoga y la cual también recomiendo a mis pacientes con esta experiencia (pero hay muchas más):

Respiración en 4 tiempos con los pies sobre la tierra (puede ser sentado o de pie, pero con la espalda recta para que se abran pecho y cuello):
Inhalo (cuento 4 segundos); me quedo el aire dentro (cuento 4 segundos); exhalo (durante 4 segundos); me quedo «sin aire» (cuento 4 segundos) y vuelvo a empezar con la inhalación (y así repito 4 veces más).

3. Yoga

Este arte milenario es más que un ejercicio, hace que trabajes no solo el plano físico externo, si no que muchas posturas masajean los órganos y músculos internos. Además sin darte cuenta, procesarás y darás salida a la ansiedad y el estrés acumulados durante el día ya que trabajas mente y emociones también.

hacer yoga

4. Meditación

Comienza por técnicas sencillas como sentarte sobre el piso o un cojín durante 5 o 7 minutos con ojos cerrados, espalda derecha observando tus pensamientos, sensaciones corporales y respiración. Eso de poner la mente en blanco déjalo para más adelante cuando seas yoga-master. Ayúdate en la experiencia poniendo de fondo música instrumental relajante, con sonidos de la naturaleza o mantras orientales. (Hay millones de opciones en youtube).

5. Terapia psicológica

Como hay emociones subyacentes es bueno que revises tu vida, sentimientos y circunstancias particulares con un profesional que comprende las aristas de este padecimiento. No sufras solo ni bombardeado de los múltiples consejos «como les fue en la feria» de tus amigos o familiares, que aunque sean bien intencionados, nunca van a compararse con la psicoterapia de un experto entrenado y calificado para acompañarte respetando la individualidad de cada proceso.

terapia psicológica

6. Intervención en Crisis

Así se le llama a una serie de técnicas que se emplean durante el ataque de ansiedad o pánico para disminuirlo o detenerlo por completo. Es importante que te asesores de un profesional del ramo (psicólogo, psicoterapeuta, psiquiatra). Se suele poner foco en la respiración alentando la exhalación; en la postura haciendo arraigo en el piso (lo que te decía de plantar firmemente los pies); de repetirse que todo va estar bien, de ser consciente que un ataque de este tipo ni va matarnos ni darnos un paro ni enloquecernos (que son los pensamientos predominantes… pero irreales), y hay otras más como ponerse un cojín entre las rodillas. Cantar, orar, soplar unas velas imaginarias, salir a correr una vuelta, hablar con alguien que nos cambie el foco de atención, etc…

7. Psiquiatría 

Este paso es de los más apremiantes y donde más tabúes sociales existen al rededor de este profesional médico. Ignorancia perdóname, porque eso es lo que es: que si es para locos de atar, que si las pastillas te matan, que si te sacan dinero nada más, que no es para tanto, que te van a encerrar con camisa de fuerza, que son charlatanes, ¡que no estoy loca no estoy loca… solo estoy desesperada! cantaba la Trevi.

Este profesional médico estudió los padecimientos y trastornos psiquiátricos, además de haber estudiado medicina general en un principio. Es el único que puede recetarte medicamento controlado si así lo diagnostica necesario y los mejores son los que llevan a la par su terapia con la de un psicólogo que atienda la otra parte. Acércate a uno bueno y recomendado por alguien que te haya dado resultados visibles. Investiga y lee del tema en bibliografía seria, no te quedes perpetuando mitos «con lo que dicen por ahí».

 

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