Estábamos hambrientos, ya habíamos vendido y empeñado todas nuestras pertenencias de valor, y solo nos quedaba una lata de Choco Milk en la alacena. Recuerdo que eran como las siete de la noche cuando nos sentamos en el piso de la cocina, abrimos la lata y nos la comimos a cucharadas. Teníamos apenas un mes de casados cuando los dos nos quedamos sin empleo.

Todavía, cuando cierro los ojos, siento el rugir de mis tripas devorándose y lo gloriosas que fueron esas cucharadas de chocolate. También veo cruzarse nuestras mirandas afligidas y la manera tan comprensiva con la que nos abrazamos, sin gota de reproche. Ese día supe que lo superaríamos todo.

Este 2020 cumplimos once años de casados, en los cuales hemos crecido de manera individual, pero también como pareja, como padres y hasta como socios en el trabajo. Todo marchaba bien, con los típicos sube y baja de un matrimonio, pero bien. Bueno, hasta hace unos días…

La pandemia por la que atraviesa el mundo ha afectado la economía de la mayoría, sino es que la de todos. En nuestro caso, los proyectos en puerta se pospusieron y los clientes fijos se fueron. De un día para otro regresamos al punto en el que iniciamos, con la diferencia de que ya no somos dos, sino tres.

Uno como quiera, ¿pero y las criaturas?”

¿Por qué cuento esto? Porque nos dejamos llevar por el enojo de las redes sociales y terminamos enfocándonos en lo malo, en el caos y en la catástrofe. Sin embargo, estoy segura de que, si buscamos bien entre los recuerdos, todos tenemos una anécdota o una historia de la cual echar mano en estos momentos para salir a flote.

Claro que duele, enoja y frustra, perder la cosecha del terreno que teníamos años sembrando. Por otro lado, también angustia y preocupa enfrentarnos a lo desconocido, a lo incierto, a lo que no tenemos idea de cuándo y cómo terminará, ni del saldo que dejará.

La intención no es crear miedo y mucho menos pánico, sino reflexión. Es momento de que hagamos conciencia de lo que viene y prepararnos para mantener la calma y el buen estado de ánimo, también para practicar la introspección, disfrutar a la familia y, lo más importante, preservar la salud, la de nuestros seres queridos y la de todos. Ya vendrá el tiempo de construir o reconstruir, siempre hay luz al final del túnel.

“En momentos de crisis: cierra los ojos, respira profundo y trae a tu mente un momento de tu vida que te recuerde lo fuerte que eres”.

Abrazo solidario.

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