Nunca estuve tan cerca del  cáncer de mama hasta que lo viví desde los adentros de mis mejores amigas, Arlett y Cindy. Su mamá, Susana, a quien tuve el honor de conocer, era portadora de este tumor maligno que registra en México al menos 60 nuevos casos al día, según la Secretaría de Salud, y por el que muchas mujeres luchan diariamente. Hoy Susana ya no está físicamente, y nunca voy a olvidar el dolor de sus hijas cuando nos dijo adiós.

Cuando me enteré de la noticia no encontré las palabras para mis amigas, no encontré cómo darles fuerza y hacerlas sentir mejor. Solo traté de estar junto a ellas, estar cerca de su dolor.

Tengo la fortuna de que mi mamá está en casa, tengo la fortuna de estar sana. De una u otra forma acompañarlas en el proceso fue importante para mi.

Cada aniversario de Susana, sus hijas la recuerdan de una manera muy amorosa, incluso cuando ella se fue, lo hicieron. Quizás nunca hablamos del todo del proceso que cada una vivió, pero sé que el amor y la unión prevaleció en la familia.

Cuando en Kena decidimos unirnos a la causa y pensar los temas que tocaríamos me acordé de ellas, de su duelo y del día a día con su mamá. Fue entonces que propuse abordar el tema del acompañamiento como parte de las acciones de la campaña. Pensé en lo importante que era para todos los integrantes de la familia darles el foro para hablar, para enfrentar desde sus trincheras cómo es el proceso de compañía de un familiar enfermo de cáncer.

Cuando comenzamos la búsqueda de contenido encontramos que hay una comunidad muy fortalecida en diferentes instituciones. Los amigos, las hijas, los sobrinos, los nietos, esposos, abuelos, tíos, primos, padres, madres, compañeros de trabajo son y serán una parte fundamental en el tratamiento.

El año pasado, presentamos el cortometraje «Pronóstico Reservado» de la periodista Laura Ponte, en el auditorio de Fucam. A la cita asistieron pacientes y muchos familiares. Después de que terminó, se abrió una sesión de preguntas y respuestas y todos los que levantaron la mano eran familiares. Madres, esposos, hijas.

Sí, no es fácil enfrentar el cáncer de mama sin alguien que esté ahí. Sin que todos, de una u otra forma, nos unamos a una causa que es de todos. Cada una desde su lugar.

A mis amigas Artett y Cindy, a todas las que están ahora en casa acompañando o visitando en un hospital, o acompañando a las quimioterapias, a todos, deben saber que no están solos. Agárrense a la vida, a la fe y esperanza, pero, sobretodo, agárrense del amor, el amor y la compañía de la gente que está a su lado y que vive el día a día de su enojo o tristeza.

A las que estamos aquí, disfrutando de un nuevo amanecer, hagamos conciencia y acompañemos a estas mujeres que luchan por vivir sin lujos, sin ataduras, sin “cosas”. Aprendamos a través de su experiencia, de su euforia por la vida y por disfrutar los detalles simples, de saber estar y apreciar cada instante.

Replico un párrafo que Cindy compartió en una columna publicada en letsriot.tv

«Tristemente el cáncer me heredó una familia unida, que se cuida unos a otros, que se preocupa por lo que le pasa a cada uno, que se ocupa en ayudar y, sobre todo, que no guarda rencores y ama con todas sus fuerzas. Ojalá que antes de eso, todos los días de mi vida le hubiera dicho a mi mamá todo lo que la amaba. Quizá sí lo hice, pero ahora que lo veo a la distancia, me parece que no fue lo suficiente.»

“Juntos somos más fuertes” así de simple.

#KenaPoderRosa

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