El 13 de octubre es un día muy especial para mí.

Hace 26 años me convertí en madre, y ahora puedo comprender que fue una de las muchas cosas que sucedieron entonces.

Durante los últimos nueve meses antes de ese gran día, me había estado preparando para recibir a quien vendría a cambiar por completo mi vida, y esas palabras se dicen fácil, ¡la experiencia no tiene precedentes! 

El miércoles 12 como a las 10 de la noche, regresaba a mi casa después de haber cenado un delicioso pozole, cuando sentí la primera contracción que marcaba el inicio del proceso del gran día. Pasé la noche recibiendo y contando las contracciones y observando todos los cambios que mi cuerpo presentaba. Había sido una entusiasta participante de un curso psicoprofiláctico que me ayudó mucho a comprender y disfrutar todo el proceso del embarazo y a conocer mucho de lo que se vive en el momento del parto, creo que nunca es suficiente. Sin embargo, con todo lo que viví, aprendí y descubrí de mí y de mis capacidades en este curso, las enseñanzas de mis compañeras de los  mismos “achaques”, y la gran experiencia de las doulas maravillosas que me enseñaron tanto y la que me acompañó el día del parto, no habría podido lograr todo lo que fue el día más importante de mi vida.

Sí, aunque mi curso psicoprofiláctico fue fundamental en mi proceso, nunca es suficiente para saber y reconocer todo lo que viene, en el trabajo de parto, el parto y el postparto, sobre todo cuando es la primera vez que lo vives. Aunque hay tantas mujeres en el mundo que han parido, creo que todas nos quedamos cortas al expresar lo que es esa experiencia, y al final nos quedamos con mucho sin decir porque no sabemos cómo ponerlo en palabras, entonces cuando te toca, te das cuenta que nadie supo expresar lo que fue, y la que pare se queda con todo el remolino de emociones, sentimientos y experiencias sin saber cómo expresarlo, además… una vez que pasa el gran día, te encuentras tan enrollada en todos los eventos de ser madre que no tienes tiempo ni de saber qué está pasando, sin entenderlo, mucho menos expresarlo.

Y este es el tema que quiero compartir hoy.

Lo que pasa cuando una deja atrás esa experiencia de ser una mujer, individual, una, en singular.

Parece mentira, pero el evento de la maternidad hace un cambio radical en la vida de una mujer, no dudo que en la vida de un hombre también, pero lo que experimenta la mujer al vivir la experiencia del embarazo y el parto cambia absolutamente la experiencia de existir, de ser y de concebirse mujer, individuo, persona. Y esto es una de las cosas que nadie puede explicar porque no lo entiendes, incluso mientras lo vives. Llegas al parto una y salen dos (en la mayoría de los casos) y ese cambio toma su tiempo en ser absorbido; yo me di un poco de cuenta de todo lo que pasó como tres años después. Y comprendí todo lo que cambió mi vida veinte años después.

Afortunadamente deseaba profundamente ser madre, sin embargo, descubrir que nunca… NUNCA volvería a ser la misma, es una experiencia que rompe con todas las expectativas de la vida que había tenido hasta ese momento, incluso de lo que yo era.

Parí sin anestesia, atravesé el proceso con una fortaleza, confianza y paz que no sabía que existían en mí, desde ahí salí otra, reconociendo una capacidad para atravesar ese proceso desde un trance que me trajo esta conciencia que no tenía idea que existía en mí. Hicimos un pacto mi hija y yo, de resolverlo como un equipo… eso de nacer, y que hasta hoy lo seguimos realizando como algo que sabemos que contamos con ello, ella cuenta conmigo y yo con ella, incondicionalmente.

En cuanto la sostuve en mis brazos me sentí llena de algo que no conocía, que rompió lo que yo era para dejar nacer la que yo sería, una desconocida, sobre todo para mí. Es una experiencia parecida a una crisálida, llegué a mi parto oruga y salí mariposa, es paradójico porque la que nació fue ella, pero la que se transformó fui yo. 

Siempre que es su cumpleaños me recuerda la gran transformación que tuvo mi vida, me es prácticamente imposible desvincular su nacimiento a mi despertar de conciencia.

Siempre encuentro un pretexto para escribir acerca de la maravilla que es ser madre, ser SU madre, y de muchas formas hemos vivido separaciones que permiten que ella tenga su vida libre e independiente a mí, sin que olvide que siempre estoy aquí para ella amándola y viéndola volar y crecer como la gran mujer de la que me siento profundamente orgullosa. Y tampoco puedo dejar de agradecer la bendita fortuna de haber despertado de esta manera, por agobiante y difícil que haya sido en su momento, el pavor de verme otra, la responsabilidad de tener una vida a mi cargo; vulnerable, frágil, maravillosa. La oportunidad de poder descubrirme capaz de eso y más, y la responsabilidad de sacar lo mejor de mí para darle el ejemplo de ser comprometida, honesta y congruente, aprendiendo a ser la mejor versión de mí.

Gracias Sabina por ser mi motor, por ser tú, y ser la luz de tu propia vida, esa luz que ilumina el mundo y que lo hace más hermoso. Gracias por existir, y ser así como tú, como quieres, sin darle gusto a nadie explorando cada día más de tu belleza, de tu luz, de tus enormes capacidades. ¡Te admiro y te miro agradecida por la oportunidad de poder hacerlo!

12 de octubre de 2020

Serie despertar y permanecer despierta

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