Hace algunos años llegó a mi vida el descubrir las escuelas Waldorf cuando mi hijo mayor estaba por cursar el preescolar. Se trata de una pedagogía que principalmente se enfoca en las etapas evolutivas del ser humano, las cuales divide en periodos de 7 años o septenios de los 0 a los 21 años y cuyo fundador fue Rudolph Steiner.

No es para nada una nueva corriente educativa, sin embargo, ha tomado fuerza pues algunos famosos se han educado en ella: Michel Ende, Sandra Bullock, Jennifer Aniston, por ejemplo; además de que con la educación en casa ha cobrado especial importancia sobre todo para las familias con niños en edad preescolar.

Recién acaba de ser el cumpleaños de mis dos hijos menores (cumplieron 5 y 7 años), me gusta mencionar por cierto que llevan 2 años y un día exactamente, y los celebramos en la tradición o costumbres Waldorf, las cuales tienen una gran carga esotérica y espiritual y se concentra en mantener una conexión entre el pasado y el futuro del niño.

El cumpleaños es un momento que marca cierta trascendencia, una evolución y que se prepara desde antes pero no en una gran fiesta, sino en un momento familiar.

¿Cómo es este tipo de festejos?

Las velas son un elemento importante en la pedagogía Waldorf, a la luz de la vela se puede preparar la masa del pastel con una receta muy sencilla de zanahoria, de plátano o de almendras (por ejemplo) y que se horneará un día antes para que el día del cumpleaños ya esté listo el pastel. En esta actividad participa el festejado.

Imagen de Caterina Berger

Una noche antes se platica con el niño o la niña sobre lo que aprendió en el último año de vida y si puedes, lo escribes para él o ella en un cuaderno, con sus logros más importantes, por ejemplo: se baña solo, se amarra los zapatos, duerme mejor, aprendió a tejer, etc. Existe también un «cuento de cumpleaños” que se puede leer la noche antes del cumple:

“Cuando ya es hora de irme a dormir,

y he doblado mi ropa en la silla

y mi mamá apaga la luz,

todavía tengo “X” años esta noche.

Pero desde el amanecer,

antes de que los pájaros canten,

antes de que la oscuridad se convierta en luz,

mañana tendré “Z” años.

“Z” años cuando me despierte,

“Z” velas en mi pastel.

Cuando amanece, el niño del cumpleaños recibe de las personas que viven con él, el número besos de la edad que cumple: si cumple 5 años, recibirá cinco besos de cada uno: papá, mamá, hermanos. Además se sugiere leerle al niño una lista con sus cualidades más lindas. El cumpleañero usa ese día una capa (cualquier tela) y una corona (idealmente hecha a mano, de tela fieltro o de texturas suaves y naturales, no plásticos ni materiales duros), pues ese es su día y él o ella son el rey o la reina.

De la cama al comedor, se sugiere marcar el camino hacia la mesa del cumpleaños con colores, pueden ser hojas, cojines, formas específicas como corazones o incluso velas.

Los regalos se envuelven en telas que el niño debe ir desatando hasta descubrir el interior, si los regalos son simbólicos es mejor, importa mucho mostrarle al niño fotos de cuando era más pequeño y enseñarle frente a un espejo las diferencias.

En la mesa del pastel, las velas se acomodan en círculo y se decora con elementos de la estación (hojas, flores, ramas, o papel de colores). Es muy importante narrar la historia de su vida al niño y a las personas que lo acompañan en la sobre mesa, marcar cada año con una anécdota positiva y amorosa que irá recordando año con año sumando más. En esta pedagogía existe un enfoque importante para construir memorias y una idea personal fuerte y valiosa del niño sobre él o ella misma, se valora la construcción del ser en uso de su voluntad. Se crean y refuerzan memorias y experiencias mas que cosas u objetos.

En la tradición más conservadora se invitan al número de niños que corresponde al número del cumpleaños: 3 años=3 niños, 5 años=5 niños, y así, para asegurar que se trata realmente de su círculo más cercano e íntimo y no una fiesta de gran formato que carece de intimidad y cercanía.

En los festejos Waldorf el niño es el centro de atención como en cualquier cumpleaños pero él o ella participan de los preparativos para celebrar que cambia de edad; esto supone volver a los niños agradecidos por todo lo que se hizo para la celebración en su honor. Se pueden agregar algunos detalles suaves como juegos entre niños que realmente correspondan a la edad del niño, objetos básicos que promuevan el juego libre y la imaginación cuando esté con sus amigos.

Es ideal tener contacto con la naturaleza ese día y con los elementos: agua, tierra, aire y fuego, casi todo se logra en la mesa del pastel. Lo que canten al niño está bien, no hay reglas, solo se trata de crear una memoria cálida y constante en el corazón de los pequeños.

El cumpleaños número 7 tiene especial importancia pues se alcanza el primer septenio de vida, la celebración es sencilla pero emotiva, aquí cobra especial relevancia la narrativa de la vida del niño, esto también (lo reconozco), nos conecta a los padres con los cambios que hemos alcanzado en nuestra propia maternidad/paternidad y nos hace evaluar que podemos mejorar. El día del cumpleaños es un día especial, contrario a lo que nos ofrece la cultura mas consumista, se trata de un día íntimo de agradecimiento, de amor familiar y fraterno, de estar en casa en pijama o en pantuflas cómodas, con la comida favorita, los aromas de casa, los sonidos de lo conocido y las mejores palabras de quienes nos aman.

Seguimos en casa, no te preocupes si no puedes celebrar a tu hijo o hija con la gran fiesta que te gustaría, una celebración inspiración Waldorf puede quedar para siempre es su memoria y en su corazón.

Karla Lara

@karlamamadecuatro

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