La exitosa tenista Serena Williams se tomó un momento de reflexión en su cuenta de Instagram para hablar de la imperfección de la maternidad y de los procesos por los que, de una y otra forma, nos vuelven vulnerables como mujeres.

Admiro a Serena, me parece que es una mujer inspiradora en el ámbito deportivo. Su constancia, temple y fortaleza es latente en su carrera. Su reflexión en torno a su nueva faceta de madre me deja ver una mujer aún más poderosa, por el simple hecho que reconocerse como imperfecta en un mundo de tantas exigencias como lo es el deporte y la maternidad.

Cito el texto de Serena:  

“La semana pasada no fue fácil para mí. No sólo estaba aceptando cosas difíciles, simplemente estaba en un caos. En su mayoría era porque no me sentía una buena madre. Leí varios artículos que decían que las emociones postparto pueden durar hasta tres años si no se tratan. Hablando con mi madre, mis hermanas y amigos entendí que mis sentimientos eran normales. Saber que no estoy haciendo lo suficiente por mi bebé. Todos hemos estado allí, trabajo mucho para tratar de ser la mejor atleta que puedo. Sin embargo, eso significa que, aunque he estado con ella todos los días de su vida, no he hecho todo lo que me gustaría. La mayoría de las madres que lidian con lo mismo, encontrando un equilibrio, son las verdaderas heroínas”. “Estoy aquí para decirles: si tienen un día o una semana difícil. Está bien. ¡Yo también [los tengo]! Siempre hay un mañana”.

Depresión posparto

Poco se habla de la depresión posparto en el mundo real de las madres primerizas. Sabemos que hay mucha información en libros y en Internet con los que podemos apoyarnos, pero la realidad es que cuando comienzan los síntomas nunca piensas que estás pasando por un trastorno o padecimiento “normal” en la maternidad, sino que eres una mala madre.

Según el National Institute of Mental Health, la depresión posparto es un trastorno del estado de ánimo que puede afectar a las mujeres después de tener a su hijo. Las madres que padecen depresión posparto tienen sentimientos de extrema tristeza, ansiedad y cansancio que les dificultan realizar las actividades diarias del cuidado de sí mismas y de otras personas.

Resulta que estas emociones provienen de muchos lugares, pero principalmente de las “benditas hormonas”. Después del parto, los niveles de hormonas (estrógeno y progesterona) en las mujeres bajan rápidamente. Esto genera alteraciones químicas en el cerebro que pueden provocar cambios en el estado de ánimo. Además, muchas mujeres no pueden descansar tanto como deberían para poder recuperarse totalmente del parto. La falta constante de sueño puede generar incomodidad física y agotamiento, factores que pueden contribuir a los síntomas de la depresión posparto.

Todavía recuerdo que durante mi etapa de posparto una amiga (que no es madre) comentó en Facebook “Las mamás se la viven quejando y cansadas, ¿para qué tienen hijos?”, no pude encontrar la respuesta a su comentario y menos decirle que todas las noches después de mi cesárea me encerraba en el baño a llorar. Tampoco pude decirle que tenía pensamientos encontrados sobre la nueva responsabilidad que tendría y mucho menos que odiaba a mi esposo por poder moverse con tanta libertad para cuidar a nuestros nuevos críos.

Puedes ser la mejor atleta del mundo, puedes ser incluso la mujer más feliz del mundo por tener a tu hijo en brazos, puedes aparentar que eres la mujer más feliz, pero la verdad es que la maternidad tiene caminos sorprendentes que te enseñan a conocerte en muchas facetas, una de ellas es la imperfección y la aceptación de la imperfección.

Lo bueno de todo esto es que hay una luz al final del camino y, generalmente, la encuentras en las amigas, tu compañero, las comunidades de mamás, los especialistas, y ¿por qué no? las tenistas exitosas…

Si estás pasando por algo similar, no dudes en hablarlo.

Síntomas de depresión posparto:

  • Sentirse triste, desesperanzada, vacía o abrumada
  • Llorar más frecuentemente de lo normal o sin motivo aparente
  • Preocuparse o sentirse excesivamente ansiosa
  • Sentirse malhumorada, irritable o inquieta
  • Dormir en exceso o no poder dormir, incluso cuando el bebé duerme
  • Tener problemas para concentrarse, recordar detalles y tomar decisiones
  • Sentir enojo o furia
  • Perder el interés en las actividades que le resultaban agradables
  • Padecer dolores y molestias físicas, como dolores de cabeza frecuentes, problemas estomacales y dolor muscular
  • Comer demasiado o muy poco
  • Aislarse de amigos y familiares
  • Tener problemas para crear un vínculo emocional con su bebé
  • Dudar constantemente de su capacidad de cuidar al bebé
  • Pensar en hacerse daño a sí misma o a su bebé