La manera en que viajamos está cambiando, especialmente para la Generación Z, que no busca simplemente llegar a un destino sino vivir algo que realmente resuene con lo que sienten. Para muchos jóvenes, el viaje se convirtió en un espacio donde pueden reconectar con ellos mismos, descubrir nuevas emociones y seguir esas pasiones que marcan su día a día.
En Latinoamérica, cada vez más jóvenes eligen escapadas pensadas para recuperar energía y respirar distinto, de acuerdo con el reciente informe global “De Estadios a Spas” de Collinson International, el 57% de los jóvenes latinos, viaja para relajarse y desconectarse del estrés, una motivación que habla de un cansancio acumulado y de una necesidad genuina de pausa.
Al mismo tiempo, alrededor de la mitad busca este tipo de viajes por razones de salud mental o sanación emocional, confirmando que el bienestar se volvió una prioridad que compite, y a veces supera, a la aventura misma. Para esta generación, un fin de semana entre montañas, un retiro silencioso o un encuentro con la naturaleza puede significar más que cualquier itinerario urbano.

Mujeres viajeras, Slow Travel
Viaje y calma en Latinoamérica
Esa necesidad de calma se combina con la emoción pura que genera el deporte ya que la Gen Z en la región sigue viajando para sentir la vibra de un estadio, el sonido colectivo de una afición o la magia de un evento deportivo en vivo; 47% de los jóvenes dice que lo que más los impulsa a tomar un avión es la emoción irrepetible de estos eventos, una mezcla de adrenalina, pertenencia y celebración que difícilmente se puede replicar en otro contexto. Esa misma intensidad se convierte en una puerta a nuevas ciudades, nuevas comidas e historias.
Para esta generación, la sensación de que todo fluye, de que el tiempo en el aeropuerto se vive con menos prisa y más disfrute, marca lo que vendrá después. Según datos del informe, más de la mitad de los jóvenes dice sentirse especialmente bien atendida cuando el viaje comienza sin fricción, con espacios cómodos, tiempos más tranquilos y pequeños detalles que hacen la diferencia. Esa comodidad inicial les cambia el humor, les abre el día y los prepara para lo que van a vivir.
En el fondo, lo que define a esta generación no es a dónde va, sino por qué viaja. Buscan calma o buscan intensidad, pero siempre buscan algo que realmente los mueva. En Latinoamérica, donde las emociones se viven a flor de piel, el viaje se convierte en un momento para sanar, para celebrar, para descubrir o simplemente para sentirse vivos. Viajan porque lo necesitan, pero también porque lo disfrutan profundamente. Y en ese cruce entre bienestar, pasión y curiosidad está naciendo una nueva forma de entender el turismo, una que no se mide en kilómetros, sino en lo mucho que transforma.

Viajes Gen Z
El viaje como ritual de reconexión: el nuevo lujo femenino
Para la mujer contemporánea, viajar ha dejado de ser una simple acumulación de sellos en el pasaporte para transformarse en un acto de autocuidado. En un mundo que nos exige hiperproductividad constante, la tendencia de buscar «Spas y Estadios» —como señala el informe de Collinson International— resuena con especial fuerza en el público femenino, que hoy prioriza la salud mental y la regulación somática por encima del turismo convencional de itinerarios agotadores.
Este fenómeno, bautizado por algunas tendencias como Slow Travel, invita a las mujeres a diseñar escapadas que funcionen como un «reset» emocional. Ya no basta con visitar una ciudad; se busca habitarla desde el bienestar. Esto explica el auge de los retiros de silencio, las sesiones de breathwork frente al mar o las caminatas funcionales (NEAT) en entornos naturales. El objetivo es transitar del ruido externo al silencio interno, convirtiendo el destino en un santuario sensorial que permita sanar el agotamiento acumulado.
Sin embargo, esta búsqueda de calma no anula la pasión. La mujer actual también es protagonista de la adrenalina deportiva y cultural. Viajar para vivir la vibración de un estadio o un evento masivo es, en esencia, una forma de celebrar la pertenencia. Es el equilibrio perfecto: la intensidad del evento en vivo seguida de la serenidad de un espacio de desconexión.
La clave de este nuevo paradigma reside en la ausencia de fricción. Para una mujer que gestiona múltiples roles, el verdadero lujo comienza en el aeropuerto. Contar con espacios tranquilos, accesos ágiles y detalles que faciliten el tránsito transforma el humor y la disposición hacia la aventura. Cuando el proceso fluye, la mente se abre a la creatividad y al disfrute.
En Latinoamérica, este turismo de transformación está empoderando a las mujeres a viajar bajo sus propios términos. Ya sea buscando la paz de las montañas o la energía de una afición compartida, el viaje se ha vuelto una herramienta terapéutica. No se trata solo de ver paisajes nuevos, sino de regresar a casa con una mirada renovada, reconectadas con sus pasiones y, sobre todo, con su propia esencia.

Turismo deportivo
Fuente: Priority Pass, modificado por Mariel Gadaleta
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