Los senos, las bubis, las chichis, las muchachas, como les quieras llamar; chicas, grandes, medianas, redondas, firmes, caídas, irregulares, como las tengas, son parte de tu cuerpo y así son perfectas. Aprender a tener una relación con ellas es una forma de intimar contigo, ¡de reconocerte mujer, saberte mujer!

Honrar tu existencia femenina, si así te reconoces (en esta ocasión no me quiero referir a cualquier crisis transgénero, esa es otra historia) es algo con lo que necesitamos sentirnos en paz. Hemos aprendido -por los prejuicios sociales- a creer que no estamos bien y a juzgarnos, a sentirnos defectuosas y menospreciarnos, a buscar arreglar aquello que la naturaleza hizo “mal” y que un bisturí podrá arreglar: más grandes o más chicas… más firmes, en “su lugar”.

Si pudiéramos aceptar cómo es nuestro cuerpo y estar en paz con él, yo creo que habría menos enfermedades autodestructivas como el cáncer, que hace que las células se vuelvan contra uno y nos destruyan por dentro. Si aceptamos que ser mujer es lo que es, que los senos armonizan el cuerpo de una mujer, su complexión y estructura corporal, con su tamaño y su forma, ¡que es perfecta para cada una! Si aprendemos a  reconocernos, admirarnos y aceptarnos, estoy segura que habría menos cáncer de seno.

Aprender a mirarme, cuidarme, tocarme, revisar mis pechos para reconocerlos y sentirlos, hace que mi feminidad sea algo normal en mí.

Si lo acepto y me siento bien con mi feminidad y mi edad, porque debo aceptar que con los años mis pechos se acomodarán como tengan que acomodarse para ser congruentes con el paso del tiempo, y eso también está bien, salirnos de las exigencias sociales y de la publicidad que marcan un estereotipo ficticio e imposible de alcanzar, con modelos retocadas que exigen un estándar de “perfección” que es irreal que ni si quiera ellas mismas, en su vida normal, alcanzan.

Nos comparamos con modelos de revistas, y espectaculares, que hacen que verse en el espejo parezca un error, y despreciamos eso que vemos sintiéndonos defectuosas.

Esta sensación de error, de defecto, de inadecuación es lo que genera una energía despreciativa y al final puede generar estas enfermedades autodestructivas. Por eso hoy mi intención es que te mires al espejo y admires tu cuerpo, tal cual es; que te sientas orgullosa de ser mujer, que aprecies tu belleza natural y la reconozcas, para que poco a poco vayas acostumbrándote a admirar tu naturaleza femenina y así eso le enseñemos a nuestros hijos: a ver una mujer que se reconoce y se acepta. Así las mujeres lo verán normal y los hombres dejarán de exigir que la mujer parezca modelo “photoshopeada” para poder aceptarla como un prospecto.

Hay mucha exigencia en la sociedad y eso hace que no nos sintamos a la altura. Sí y eso es justo lo que genera las enfermedades, ¡ese es el verdadero cáncer! Erradiquemos esos juicios, pongamos de moda ser normales, con pancita y bubis un poco colgadas (o mucho) -dependiendo la edad-, y si de plano para ti operarte es importante, hazlo aceptando y amando tu cuerpo como es y como quedará.  La cosa es mirarnos con respeto y amarnos, eso, sería una gran ayuda para bajar los índices de cáncer de mama en el mundo.

 

Serie despertar y permanecer despierta

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