Hablar de Leonora Carrington es hablar de “una mujer indomable, un espíritu rebelde, una leyenda”: así la describe Elena Poniatowska. Sin embargo, ella se definió como “una persona como cualquier otra que ha descubierto en la vida simplemente lo que ha podido”.

Esta pintora, escultura y escritora inglesa nació el 6 de abril de 1917, en un pueblo de Lancashire. Su padre era de origen inglés y su madre, irlandesa.

Su vida estuvo marcada por huidas constantes, al menos durante sus primeros 20 años de vida. Su espíritu rebelde le provocó frecuentes expulsiones de diferentes escuelas durante su infancia, debido a que tenía una aversión innata a la autoridad. Tiempo después, a los 19 años, se escapa sin el consentimiento de su padre a Londres y comienza sus estudios en la prestigiosa academia de arte Amédee Ozefant.

Poco después de que descubriera su pasión por el arte, el amor llegó a su vida y volcó su mundo cuando conoció al pintor alemán Max Ernst, quien la doblaba la edad. Esta diferencia no impidió que la pareja se casara y decidiera mudarse a Francia.

Pero cuando todo parecía perfecto en su vida junto a Max Ernst, estalló la Segunda Guerra Mundial y Ernst fue declarado enemigo del régimen de Vichy en 1939; luego fue encarcelado en el campo de Les Milles. Esto fue un fuerte golpe para Leonora que la desestabilizó psicológicamente. Y para completar su pérdida tuvo que huir de la invasión nazi, trasladándose a España; al llegar a este país fue internada en un hospital psiquiátrico. En su libro Memorias de abajo escribió: “España fue como una prisión para mí”. Sin embargo, en 1941 se escapó del Hospital Psiquiátrico de Santander con dirección a Lisboa.

Sus padres la encontraron e intentaron mandarla, vía marítima, a otra institución psiquiátrica en Sudáfrica. Pero Leonora logró huir excusándose para ir al baño. Corrió y llegó a la embajada mexicana, donde conoció al diplomático y escritor Renato Leduc, con el cual se casó y vivió en México. Aunque el matrimonio no duró mucho, su estadía en México ayudó a Leonora a recuperar su tranquilidad. Finalmente se casó con Emericko Weisz, fotógrafo y el padre de sus hijos Gaby y Pablo.

Toda su vida la reflejó en sus historias y en su estilo artístico surrealista. La propia Leonora afirmó que había “tenido una vida aburridamente normal”. Leonora falleció a los 94 años, el 25 de mayo de 2011.

Sin duda una mujer audaz. Hoy la recordamos en frases:

Si el arte necesita una explicación, ¿dónde está lo visual?

No hay que poner la palabra antes de la realidad, hay que poner primero la realidad.

El mundo que pinto no sé si lo invento, yo creo que más bien es ese mundo el que me inventó a mí.

Una vez un perro le ladró a una máscara que hice, ha sido el comentario más honorable que he recibido.

Dar explicaciones de la pintura es un poco gratuito; se intelectualiza algo que realmente no es del mundo del intelecto.

Para mí todo es magia. Todo es totalmente mágico. Mire la gata, ¿No le parece mágica?

Me gustaría deshacerme de las ilusiones. A mí lo que me fascina es tratar de acercarme a lo real, pero no sabemos nada. Y hoy vivo entre el aburrimiento y la vergüenza de pertenecer a un género animal como el ser humano. Por eso me gustaría ser un elefante, pero salvaje, no dejarme de nadie; aunque la tortura continúa, dentro de la poca libertad que logré.

Solo porque las mujeres han estado oprimidas, y creo que muchas mujeres no desarrollan todo el potencial que tienen porque las consideran seres inferiores. Pero eso no significa que piense que las mujeres son mejores que los hombres, ni tampoco que los hombres son mejores que las mujeres. Lo que está claro es que la principal preocupación de los oprimidos es dejar de estarlo.

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