Entre horas frente a la computadora, cargar bolsas, dormir en malas posturas y la rutina diaria, el cuerpo acumula pequeños daños casi imperceptibles. Son las microlesiones: afectaciones mínimas en músculos, tendones o articulaciones que no duelen al inicio, pero que con el tiempo pueden convertirse en lesiones crónicas.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), los trastornos musculoesqueléticos son la principal causa de discapacidad a nivel global. Más de 1,710 millones de personas viven con este tipo de afecciones.
Las microlesiones no aparecen de golpe. Se construyen poco a poco con: movimientos repetitivos, mala postura al trabajar o usar el celular, falta de descanso muscular, sedentarismo o exceso de carga física.
En México, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) ha documentado que hasta un 34.6% de ciertas poblaciones laborales presenta lesiones musculoesqueléticas, especialmente en la zona lumbar.
“El cuerpo tiene una gran capacidad de adaptación, pero también un límite. Las microlesiones son pequeñas alarmas que muchas veces ignoramos. Cuando el dolor aparece, el daño ya lleva tiempo desarrollándose”. explica el Dr. Carlos Suárez Ahedo, ortopedista especialista en cirugía de cadera y rodilla.
El principal riesgo de las microlesiones es que se normalizan. Ese dolor leve en la espalda, la tensión en el cuello o la molestia en la muñeca parecen “parte del día”. Pero no lo son. Con el tiempo pueden evolucionar a: tendinitis, desgarres musculares, lumbalgias crónicas, lesiones de columna o problemas articulares permanentes.

Trastornos musculoesqueléticos
El error más común
El error más común es pensar que si no duele fuerte, no pasa nada, pero el desgaste ya está ocurriendo. Es por ello que el Dr. Carlos Suárez. indica cuáles son las señales tempranas que suelen ignorarse:
- Rigidez al despertar
- Dolor leve pero constante
- Sensación de “cansancio” muscular sin razón
- Tronidos o molestias al moverse
- Hormigueo o tensión en cuello, espalda o manos.

Ergonomía para mujeres
La prevención y los cambios que generan
La buena noticia es que prevenir microlesiones no requiere cambios extremos, sino constancia y estos son los hábitos que se pueden llevar a cabo para lograrlo:
- Pausas activas cada 45–60 minutos
- Cuidar la postura (pantalla a la altura de los ojos, espalda recta)
- Moverse diario (aunque no sea ejercicio intenso)
- Estirar cuello, espalda y piernas
- Dormir bien (la recuperación es clave)
- Ajustar silla y escritorio
- Cargar peso correctamente (usar piernas, no espalda)
- Evitar posturas prolongadas en sofá o cama
Más allá de una molestia pasajera, las microlesiones representan un problema silencioso que impacta la calidad de vida, la productividad y la salud a largo plazo. En un entorno donde el ritmo diario suele imponerse sobre el bienestar, ignorar estas señales se ha vuelto común, pero también riesgoso.
“El cuerpo siempre manda señales, aunque sean sutiles. Atenderlas a tiempo no solo previene lesiones mayores, también evita tratamientos largos, dolorosos y, en muchos casos, incapacitantes. Es por ello que la prevención deja de ser una recomendación y se convierte en una necesidad.”, finaliza el Dr. Carlos Suárez Ahedo.

Prevención de lesiones
El enemigo silencioso de la mujer multitasco
En la era de la productividad infinita, las mujeres hemos aprendido a ser maestras del malabarismo. Entre las horas frente a la laptop, el «scroll» infinito en el celular, cargar las bolsas del súper o incluso cargar a los hijos, nuestro cuerpo sostiene una estructura que rara vez cuestionamos hasta que algo truena. Lo que muchas veces llamamos «cansancio de la edad» o «tensión por estrés» tiene un nombre médico: microlesiones.
Como bien señala el Dr. Carlos Suárez Ahedo, estas afecciones son pequeñas alarmas que solemos silenciar con un analgésico o simplemente ignorándolas. Sin embargo, para la mujer actual, el riesgo es doble. Biológicamente, factores como los cambios hormonales y la densidad ósea nos hacen más susceptibles a padecer trastornos musculoesqueléticos. Según la OMS, estos son la principal causa de discapacidad, y no es casualidad que las mujeres reporten con mayor frecuencia dolores en la zona lumbar y cervical.

Zona lumbar y cervical
El costo de la «normalización»
El peligro real de la microlesión no es el dolor agudo, sino su capacidad de camuflarse en nuestra rutina. Normalizamos vivir con el cuello rígido tras contestar correos en el sofá o sentir hormigueo en las manos después de horas de diseño o redacción. Estas señales son el prólogo de condiciones más graves como la tendinitis o lumbalgias crónicas que, a largo plazo, limitan nuestra autonomía.
Acciones mínimas, impactos máximos
La prevención no tiene que ser una tarea más en tu saturada agenda. Se trata de higiene postural:
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La regla de los 90 grados. Asegúrate de que tus rodillas y codos formen este ángulo al trabajar.
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Micro-estiramientos. No necesitas una hora de yoga; estirar el cuello y las muñecas por 2 minutos cada hora marca la diferencia.
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Carga inteligente. Al levantar peso, flexiona las rodillas. Tu espalda te lo agradecerá en diez años.
Escuchar al cuerpo no es un lujo, es una estrategia de supervivencia profesional y personal. Si sientes rigidez al despertar o ese «cansancio» muscular que no se va con café, detente. Atender estas señales hoy es lo que te permitirá seguir moviéndote mañana con la libertad que tu ritmo de vida exige.

Bienestar laboral
Fuente: Dr. Carlos Suárez Ahedo, modificado por Mariel Gadaleta
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