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Soy Gisela y hace 26 años recibí la noticia de que vivía con diabetes tipo 1. En este año en el que el tema del Día Mundial de Diabetes fue “Mujeres y diabetes”, comparto con ustedes mi historia.

Por Gisela Ayala TéllezDirectora Ejecutiva de la Federación Mexicana de Diabetes, A.C.

Vivir con diabetes es un reto. Esta es una idea que siempre está en mi mente. Más allá de si es fácil o difícil, al menos en mi caso, es un desafío a enfrentar todos los días.

Fui diagnosticada con diabetes mellitus tipo 1 en 1991, a los 18 años de edad. La condición no era muy cercana y menos hablando del tipo 1, pero lo que afectó a mi familia fue la sentencia del médico endocrinólogo —cuyo nombre no recuerdo— que nos indicó que atendiéndome con él “garantizaba, al menos”, que llegaría a los 35 años de edad.

 

Ante este panorama sombrío y falto de sensibilidad, decidimos que ese médico no era la opción y mi tratamiento, iniciado en el hospital con insulina, fue seguido por un médico general amigo que aprendió mucho de la condición a lo largo de los siguientes años. Eran otros tiempos, esos en los que los aparatos para medir la glucosa o azúcar, glucómetros, eran difíciles de conseguir en México, así como los materiales con los que se lograba dicha medición. Esperabas a que algún familiar te los enviara de Estados Unidos.

Había algunas opciones en cuanto a alimentos reducidos en azúcar y a endulzantes sin calorías, pero eran difíciles de adquirir y cuando lo lograbas, la verdad es que el sabor era muy malo. En realidad, mi vida no cambió demasiado. Tenía muchas cosas que hacer a lo largo del día, por lo que la insulina, mediciones de glucosa (no tan frecuentes como ahora), así como las visitas al médico, se insertaron en mi cotidianidad.

Concluí la carrera de periodismo y continúe mi trabajo en medios de comunicación. Debo reconocer que no tuve un solo problema por mi condición en ninguno de los medios de comunicación en los que tuve el honor de colaborar. Siempre hice del conocimiento de jefes y colegas mi condición de persona con diabetes. Tuve únicamente una desilusión al presentar mi postulación para beca de maestría y la escuela de estudios internacionales en la que presenté mis papeles rechazó mi documentación al argumentar que el programa requería mucha fortaleza física y mental.

Muchos años después de mi diagnóstico tuve mi primer encuentro con educadores en diabetes. Me invitaron a un curso de diabetes ofrecido por un laboratorio que producía insulinas y ahí tuve un acercamiento diferente a esta condición. También empecé a visitar a una médico internista que coincidía con el nuevo enfoque: una vida disciplinada e informada es lo que se necesita.

En esa época decidí también que estaba en el momento de abandonar las redacciones de noticias para dedicarme a otro tipo de actividad periodística que me permitiría poner más atención en horarios de alimentación.

Con la recomendación de mi médico tratante conocí a la Federación Mexicana de Diabetes, A.C. (FMD) y tuve mi acercamiento real con la educación en diabetes. Cursé un diplomado con ellos y empecé a colaborar con su revista Diabetes Hoy. Posteriormente, me invitaron a colaborar de manera permanente e integrarme a su equipo operativo. Hoy llevo más de 10 años laborando en esta institución y tengo el privilegio de dirigir a un gran equipo, además de colaborar con consejos directivos y representantes de las Asociaciones Mexicanas de Diabetes que la FMD aglutina.

El lema de este Día Mundial de la Diabetes 2017 es “Mujeres y diabetes: Nuestro derecho a un futuro saludable” y, para mí, tiene mucho sentido reconocer el ímpetu de las madres de niños y jóvenes con diabetes. A lo largo de mi permanencia en la Federación Mexicana de Diabetes, A.C. he visto a estas mujeres organizarse, primero, por sus propias familias y, después, querer ampliar sus horizontes para ayudar a otros con el objetivo de mejorar la calidad de vida de sus seres queridos.

De hecho, investigaciones internacionales muestran que cuando una madre de familia cuenta con orientación adecuada en cuando a estilo de vida saludable destina más recursos a salud y nutrición.

Yo he tenido un gran ejemplo en mi madre. Buscó desde el primer momento que esta condición nos afectara lo menos posible y que ese gran potencial que ella veía en mí no se opacara por esta situación. Ella peleó al principio al frente de nuestra familia y hoy lo hace hombro con hombro, porque, entre ella y yo, sabemos que la diabetes no es un enemigo a vencer, sino una condición que requiere atención y esfuerzo para su control. Aprendimos juntas a no pelear con la diabetes, sino a aprender a entenderla.

Desde la posición que hoy ocupo en la FMD pienso que nadie, ni los niños ni los adultos que vivimos con diabetes requerimos lástima o sobreprotección; lo que de verdad necesitamos es educación para controlar nuestra condición. También creo que la comunidad con diabetes no necesita asistencialismo, sino atención integral, planes estructurados, insumos necesarios, acceso a herramientas para alcanzar este estilo saludable del que tanto se habla.

Sabemos también que hay mucho que cambiar en nuestra sociedad: el estigma de que estamos “condenados” a una precaria existencia o que somos incapaces de desarrollarnos personal y profesionalmente. Debemos levantar la voz, hacer énfasis en las necesidades no resueltas e invitar a todos a estar atentos al desarrollo de la diabetes.

“Nunca más sin nosotros», dijeron en un encuentro de personas con diabetes en España y tomo la frase prestada. Y con nosotros me refiero a todos: padres, hermanos, parejas, amigos, colegas de escuela y trabajo, y un largo etcétera. Todos, porque la diabetes ya no es un problemita de quien la vive, sino de la sociedad en conjunto.

 

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