Yo no soy mamá de Quinoa, no creció dentro de mí, no la parí, no compartimos ADN y no, definitivamente no somos de la misma especie. Sin embargo la críe, llegó a mí con escasos dos meses de edad y sin ningún sentido de la coordinación. La ayudé a desarrollarse, le di libertad al jugar para agudizar sus reflejos, le enseñé, aprendí con ella, la corregí, detecté sus inseguridades, las enfrenté con ella -muchas las seguimos trabajando-, atendí sus necesidades médicas y cual neófita, me documenté sobre la marcha. En resumen, la cuidé como a cualquier bebé que necesitaba que lo amaran.

Ella me ha dado muchísimo más de lo que yo alguna vez podría retribuirle, es sin duda una de mis grandes maestras de vida. Si antes de ella simpatizaba con los animales no humanos, hoy empatizo el doble porque veo sus ojos en el rostro de un becerrito, su alegría en el carácter de un corderito, su energía en el dinamismo de un chivo pequeño, sus ganas de molestar en un pollito travieso, su ternura en un cerdito choncho, su espíritu, su capacidad de amar y de ser amada en cada especie que existe.

Amor es amor

El amor entre diferentes especies no es ni nuevo ni exclusivo del ser humano, existen múltiples casos documentados de tigresas que amamantan cerditos, ovejas que cuidan elefantes, palomas que adoptan conejos, ballenas que cuidan delfines con malformaciones, la lista es larga y los duetos de lo más inimaginables. Los científicos que han estudiado estos casos argumentan que es debido a la ternura que a los mamíferos nos causan los bebés y al hecho de que las adoptantes son generalmente hembras satisfaciendo su instinto maternal. Sea cual sea el motivo, si existe explicación psicológica, desde la zoología o de cualquier ciencia biológica o social, para mí Quinoa no es un sustituto de hije, pues yo desde adolescente decidí no ser madre, sin embargo ni mi decisión ni su condición merman en algo el amor que sentimos la una por la otra.

Sé que para muchas personas, quienes no hayan experimentado esta conexión con un ser no humano, podría sonarles extraño y hasta cierto punto loco el amor que uno puede llegar a experimentar por ellos, sin embargo, yo les puedo decir que cada vez que consuelo a mi cachorra durante una tormenta eléctrica, la apapacho porque le duele terriblemente su cadera (padecimiento congénito), paseamos y nos aventuramos las dos solas o hacemos nuestro ritual de la hora de dormir, en el que ella se sienta en su cama y espera que la abrace y la bese antes de acostarse; no pienso ni siento ni creo que exista diferencia alguna entre nosotras, porque nuestra relación trasciende el cuerpo material.

Como dije, no soy su madre y al no tener hijos desconozco cómo se les ama, seguro no más ni menos, sólo diferente. Sé leer en Quinoa su lenguaje no verbal, sus miradas, ladridos, gruñidos, cualquier ruido que emite o mensaje que comunique no verbalmente. Intuyo y tengo claro cuando no se siente bien y cuándo amanece con espíritu fregativo. Me preocupan sus impulsivos comportamientos viscerales, me ocupa mucho su carácter poco sociable con los de su especie, me angustia el apego que tiene hacia mí y me enternece muchísimo su sensibilidad emocional.

Quinoa es mi familia, es mi responsabilidad, mi gran amor y mi corazón. Somos parte una de la otra y mientras la vida nos dé vida, me visualizo con ella, dónde quiera que esté, vaya a dónde vaya.

Si le pusiéramos amor a cada cosa que vemos, todos veríamos igual, ¿no lo creen? #GoVegan

Referencias:
https://genial.guru/admiracion-curiosidades/16-pruebas-de-que-para-los-animales-no-existen-los-hijos-ajenos-486760/
https://es.reuters.com/article/entertainmentNews/idESMAE53K0L220090421
https://elcomercio.pe/redes-sociales/facebook/oveja-adopta-elefante-huerfano-son-inseparables-video-278038-noticia/
https://www.rtve.es/noticias/20130517/animales-adoptan-crias-otras-especies/665680.shtml

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