Por: Psicoanalista Adriana Ortíz Barraza*

Debido a la pandemia nos hemos enfrentado a un doloroso proceso de separación física de aquellos a quien amamos, de nuestras redes de apoyo, amigos, compañeros y de manera general de las personas con las cuales nos relacionábamos.

Todo esto provocó un fuerte sentimiento de angustia ante tales circunstancias y al mismo tiempo una urgencia por reunirnos nuevamente; aunque indiscutiblemente poco a poco nos dimos cuenta de que ya no sería de la misma manera esa convivencia.

La nueva normalidad ha desafiado esos patrones de conducta establecida, obligándonos a comportarnos de forma especial y retándonos a expresar los afectos desde otra visión del amor.

Los vínculos son indispensables para el desarrollo mental de las personas, ya que desde pequeños vamos estableciendo patrones de conductas con los demás, que van a definir la manera en la que nos relacionamos con los otros el resto de su vida. Por ejemplo, antes para mostrar afecto lo hacíamos con un abrazo, hoy ese abrazo puede representar un riesgo.

Esta nueva forma de vivir las relaciones interpersonales, nos hace enfrentarnos a dos aspectos que el ser humano trata de evitar casi instintivamente: el displacer y el aislamiento. Por lo cual requerimos de un proceso de adaptación, de una especie de transición entre el estado “seguro” que teníamos antes de la pandemia y el nuevo estado al que nos estamos enfrentando, la nueva realidad.

Como individuos necesitamos ser reconocidos, ser vistos, compartir nuestra subjetividad, es decir la percepción individual que cada uno tenemos. Y si no obtenemos eso que estamos buscando en los otros, en aquellos que nos importan, experimentamos una sensación de vacío, de falta o de carencia.

Cómo nos estamos relacionando

En estos momentos se están presentando distintos tipos de relaciones y es necesario distinguirlas para saber cómo actuar:

  • Relaciones en negación: convivencia entre personas que niegan la existencia del Covid como mecanismo de defensa y no toman medidas de precaución, por lo que de forma inconsciente prefieren no darle existencia a lo desconocido, aunque eso signifique la posibilidad de contagiarse.
  • Relaciones de angustia: el miedo los rebasa y temen contagiar y ser contagiados, cayendo en conductas compensatorias, por ejemplo volviéndose hipervigilantes, lavándose las manos en exceso, viendo las noticias constantemente.
  • Relaciones adaptativas: un mayor nivel de consciencia, entendiendo que el virus sigue ahí y debemos cuidarnos, pero tomando en cuenta que se debe volver a retomar esa nueva normalidad.

En estas circunstancias, donde para preservar nuestra vida tenemos que estar distanciados físicamente, se requiere de nuestra capacidad para expresar afectos, desde lo más profundo de nuestro ser, porque lo externo por ahora nos limita.

Así, encontramos esa posibilidad en nuestras relaciones interpersonales. Somos aquellos capaces de amar y cuidar del otro y a la vez podríamos ser un foco de infección que puede dañar o contagiar a los que amamos. Lidiar con eso desgasta mentalmente, pero nos ofrece la oportunidad de tener relaciones reales, siendo más creativos y menos estereotipados en nuestros encuentros.

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*Adriana Ortíz Barraza es la coordinadora de terapia individual y de pareja en Clínica de Psicoterapia y Psicoanálisis Polanco.

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