Desde hace tiempo estaba por sentarme a escribir desde mis adentros para ustedes, porque tal vez no seamos iguales, pero quizás algunas de mis experiencias sean compartidas. ¡Aquí voy!

Nunca me imaginé escribiendo ni formando parte de una revista femenina. Creo que tenía una percepción muy diferente de lo que era este mundo con respecto a lo que de verdad fue. Es que imagínense lo que representaba para mí entrar en esto, una chica de 1.53 metros de altura, delgada, de ojos grandes y saltones y, por si fuese poco, con una marca de nacimiento en el cuello que difícilmente pasa desapercibida, un lunar de sangre o como se le conoce en términos médicos, hemangioma. Sin embargo, calcé perfecto en este lugar y el team Kena, reales, me abrió los ojos y me mostró un panorama totalmente revelador en esta industria.

Según la Mayo Clinic de Minnesota, entidad sin fines de lucro que se dedica a prácticas médicas, los hemangiomas son formaciones que se producen por la acumulación de vasos sanguíneos adicionales. Estas se manifiestan normalmente como una marca de color rojo intenso, casi vinotinto, y creo que por eso éste es mi color favorito; me representa a plenitud. Suelen aparecer en el rostro, cuero cabelludo, pecho o espalda, pero yo salí premiada con uno muy hermoso en el cuello, que siempre está de frente y en exhibición.

Debo reconocer que aceptarlo no fue tarea fácil. Cuando eres niño, las grandes diferencias pueden causarte ruido y como en esa etapa la discreción no es nuestra mejor amiga, suele ser muy fuerte manejar los señalamientos, las miradas de asombro, miedo o asco, los comentarios imprudentes de otros niños e, incluso, de adultos. Por eso, mi niñez no fue sencilla. Fue un proceso arduo de comprensión, aceptación y amor. Recuerdo una vez cuando le pedí a mi mamá que me lo quitara –la cirugía láser es una opción, sobre todo cuando los hemangiomas generan afecciones o crecen descontroladamente, no fue mi caso y los médicos aseguran que esto es muy poco usual-; ella me decía siempre que era mi marca personal, que debía amarlo, porque era parte de mi y me hacía ser especial. Desde entonces, agradezco sus palabras.

Al crecer entiendes que las diferencias son maravillosas, que los estereotipos de belleza son una verdadera farsa y que no necesitas tener un rostro, cuerpo, cabello, etc, aprobado por nadie. Lo realmente importante es estar saludable y sentirse feliz con quien eres; les juro, eso no tiene comparación. A veces me pregunto si sería la misma persona si no tuviese mi lunar, creo que tal vez sí, pero estoy segura de que tenerlo me ha hecho una mujer más segura y muy amada por mí, porque entendí, de primera mano, que la mejor manera para que otros te pueden aceptar y amar es cuando tú demuestras que sabes hacerlo y que no estás dispuesta a recibir menos.

 

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