Ya sea que vivas sola o en casa de tus papás, el cambio hacia la vida en pareja abarca todo, desde compartir, flexibilizar, revelar y sí, armonizar espacios, no solamente porque no puedes llegar con el perico a tu nuevo nido de amor, sino porque, en serio, cargar cosas es cargar baúles de historias y nostalgias que ya no necesitas en esta etapa con alguien más, que no es tu mamá ni tu hermana ni tu roomie.

 

Yo soy la menos indicada para hablar de “desapegos”, pero justo por eso te lo digo: hace dos años el arquitecto que remodeló mi casa se llevó mis pertenencias sin avisar, porque pensó que eran basura (había apartado bastantes cosas para revisarlas minuciosamente antes de decidir qué tiraba) y todavía lamento cuando me acuerdo que se fueron tarjetas de cumple que me escribió mi papá o mis pasaportes infantiles. Pero ya no están. Me dolió mucho, sí, pero aprendí –a la mala, ni modo– que una debe quedarse con aquello que significa mucho para ti y que mientras vivas, vas a disfrutarlas, leerlas, guardarlas y mirarlas porque quieres tenerlas cerca, y entre esas cosas NO, están que nunca ves y ni te acuerdas qué existen.

 

Por ejemplo, yo tengo amigas que tiraron toooodas las fotos de sus ex novios; otras, se han desecho de sus apuntes y libros de la universidad y las maestrías, mientras que otras se quedan con los trebejos de su adolescencia (incluye la chamarra de la generación, viejísima y gastada) o los peluches del año del caldo, y hay quienes se los dejan a su mamá por los siglos de los siglos, o los guardan en cajas para llevárselas a su nuevo ático. ¡Pero tienes que soltar!

 

Si algo nos enseñó la fabulosa Toy Story 3, es que los juguetes –y otros objetos, como la ropa, los adornos, los libros, etcétera– pueden rolarse hacia personas que los quieren y los necesitan; eso también se traduce en energía. Acumular cosas nos atrapa en el pasado, nos hace sentir agobiadas, pesadas y ansiosas (“tengo que acomodar esto, tengo que revisar lo otro, no sé si quiero deshacerme de mis vestidos de dama”), te lo digo porque lo he vivido: quiero conservar recuerdos, juguetes, cartitas, regalos y miles de fotos que no tengo ordenadas; pero muchas de esas cosas que ocupan espacios en mi casa y en mi mente que solo me agobian en lugar de alegrarme.

 

Por eso, mi consejo es que aquello que no te da felicidad sino tristeza o indiferencia tíralo sin dolor. Tú te conoces, tú sabes qué sí es valioso y que no; también sabes si eres de las que tira todo en un ataque de Feng Shui o eres minuciosa a la hora de hacer limpias; pero no te quedes con lo que no te hace feliz ni te sirve de nada.

Las personas somos el compendio de nuestro pasado, eso es lo que nos ha formado para bien y para mal; los recuerdos son muy bonitos cuando no te estorban y no te causan sentimientos negativos, pero todo ello vive en tu mente, en tu forma de ser, en quien te has convertido por la vida que has vivido y lo que has enfrentado, llorado, celebrado y en todo lo que te has esforzado. Quien eres es también a quien tu pareja ama, con todo ello.

 

Y ojo, que desapegarse no es solo de los peluches y las snowballs o las tazas de los destinos de viaje (o lo que sea que te guste coleccionar o acumular), como dice mi amiga Mariana Zepeda, “también implica no llevarte las mañas”, tipo, dejar el brassiere sin lavar un mes, no tender tu cama en todo el día o sacarte las espinillas con los dedos (lo que sea que te mueras del oso de admitir). Sí, todas tenemos oscuros detalles que nos echan de cabeza: “Fulanito se va a dar cuenta que no soy una princesa”.

Ilustración: Philippa Rice

 

Pues la neta no lo eres, en ningún lado dice que eres muñequita de pastel; todos tenemos defectos y montones de manías, descubrirás que él también; por mucho que se conozcan de años, hasta que no vivan juntos no se conocerán del todo. La sana convivencia viene con acuerdos y negociaciones, incluyendo las referentes a espacio, conductas y manías.

 

Verás que él quiere tener su espacio para escuchar música con sus audífonos sin que te aparezcas por ahí, aunque habrá momentos en los que querrá compartir algo de eso contigo; habrá días en los que estés de malas porque te hicieron mal el pelo y querrás contárselo, pero aprenderás que eso mejor se lo platicas a tu mejor amiga o a tu mamá. No sé, miles de cosas que vas a entender cuando despiertes cada mañana con esa persona que amas. Nunca será igual que antes.

Ilustración: Philippa Rice

Muchas cosas, tangibles o no, objetos o manías, las tendrás que dejar atrás, otras se irán contigo, algunas encontrarán espacio y otras cambiarán; acepta todos estos cambios y aprende a tomar decisiones que impliquen soltar. No sientas miedo ni culpa, la resistencia al cambio es normal y aunque estés feliz y segura del paso que estás dando, experimentas estas sensaciones de vértigo sobre lo que se dejas atrás.

Cuando te vas a casar y a compartir tu vida con alguien más, da miedo quemar las naves, y la forma que tenemos de expresarlo es aferrarnos a lo que nos hace sentir seguras, como tus objetos o tus costumbres. Sólo confía, deja las cosas fluir e iza la vela para iniciar tu aventura. El barco no zarpará si lo llenas de pesados baúles.

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