Actualmente las personas pasan en promedio 6 horas y 38 minutos al día conectados a internet, mientras que en México el 83.1% de la población de 6 años en adelante ya es usuaria activa, según datos de DataReportal y el INEGI. Este nivel de exposición digital está generando un efecto poco visible dentro de los hogares: espacios que ya no permiten desconectar.
Habitaciones, salas y comedores han dejado de cumplir una sola función para convertirse en oficinas, aulas y centros de entretenimiento al mismo tiempo. Esta superposición de usos está afectando la capacidad del cerebro para cambiar entre actividad y descanso, elevando niveles de estrés y fatiga.
“El problema no es solo el tiempo frente a pantallas, es la falta de transiciones dentro del espacio. Cuando el entorno no cambia, el cerebro se mantiene en estado de alerta constante”, explica Aitor Viteri, Director Académico de IDEQUO.
El experto también comentó que diversos estudios en neurociencia han demostrado que factores como la iluminación, la distribución del mobiliario, los materiales y la densidad visual influyen directamente en el comportamiento y en los niveles de estrés. El entorno doméstico, por tanto, juega un papel activo en el bienestar.

Bienestar emocional
El neurodiseño como respuesta
El neurodiseño se define como la aplicación de la neurociencia al diseño de espacios para que estos soporten funciones concretas como concentración, descanso y recuperación en lugar de responder únicamente a criterios estéticos.
Por ello, Aitor Viteri recomienda aplicar las siguientes intervenciones de mayor impacto para introducir este enfoque en el hogar sin requerir una remodelación completa:
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Separar funciones dentro del mismo espacio mediante cambios de iluminación, alfombras o la reorientación del mobiliario, para generar señales visuales que diferencien las zonas de trabajo y descanso.
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Establecer áreas sin dispositivos, especialmente en recámaras, para interrumpir la continuidad del estímulo digital durante las horas de reposo.
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Ajustar la iluminación según el momento del día: luz fría en horas de concentración, tonos cálidos al caer la tarde, como señal que facilita la transición al descanso y regula el ritmo circadiano.
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Reducir la saturación visual, menos objetos sobre superficies, menos cables expuestos para disminuir la carga cognitiva del entorno.
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Incorporar materiales naturales como madera, lino, piedra o fibras textiles, cuyo efecto en la reducción de estrés está respaldado por investigación.
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Designar un punto de pausa en el hogar: un espacio libre de dispositivos que el sistema nervioso pueda asociar, por repetición, con la desconexión.
“No se trata de rediseñar toda la casa, a veces pequeños cambios bien pensados son suficientes para que el cerebro reciba señales claras para ajustar su ritmo y pasar de un momento acelerado, a un estado de mayor tranquilidad y calma”, recalcó el directivo de IDEQUO.
La forma en que se diseñan los espacios está evolucionando en respuesta a un entorno donde la conexión digital es constante. Hoy más que nunca, el interiorismo es el aliado perfecto para integrar variables relacionadas con el bienestar, el comportamiento y la gestión del estrés.
Herramientas como el modelado 3D y la inteligencia artificial también permiten anticipar cómo se utilizará un espacio antes de intervenirlo, ajustando aspectos como iluminación, distribución y materiales para mejorar su funcionalidad.
“El entorno influye directamente en cómo nos sentimos y en cómo cambiamos de actividad a lo largo del día. Diseñar con esa conciencia permite crear espacios más equilibrados”, concluyó Viteri.

Diseño de interiores
Tu hogar, el santuario que tu sistema nervioso reclama
La mujer de hoy no solo habita su casa; la gestiona, la trabaja y, a menudo, la convierte en el centro de operaciones de su vida familiar y profesional. Sin embargo, en medio de esta hiperconexión que nos mantiene atadas a las pantallas por más de seis horas diarias, hemos sacrificado algo vital: el derecho al descanso visual y mental. El neurodiseño no es una tendencia decorativa más; es una herramienta de salud mental para la mujer que siente que su sala se ha convertido en una extensión de la oficina.
Para nosotras, la carga mental no termina al cerrar la laptop. La superposición de funciones en un mismo espacio (ver la tarea de los niños en la mesa donde acabas de enviar un presupuesto) genera una fatiga cognitiva invisible. El cerebro, al no recibir señales claras de cambio de ambiente, se mantiene en un estado de alerta que eleva el cortisol. ¿La solución? Crear anclas sensoriales.
No necesitas cambiar tus muebles, sino cómo interactúas con ellos. El primer paso es la higiene lumínica. Como mujeres, nuestros ritmos circadianos son sensibles; pasar de la luz blanca del monitor a una luz cálida y tenue en la sala a partir de las 6:00 p.m. le indica a tu sistema nervioso que la jornada «productiva» ha terminado. Es un ritual de transición necesario.

Salud mental
Otro pilar es el minimalismo visual
El desorden sobre las superficies se traduce en ruido mental. Al despejar la vista de cables y objetos innecesarios, reducimos la carga de procesamiento del cerebro. Complementa esto con la biofilia: colocar una planta o elegir textiles de fibras naturales como el lino no solo es estético, sino que reduce la frecuencia cardíaca y nos reconecta con lo orgánico.
Finalmente, reclama un «punto de pausa». Un rincón, por pequeño que sea, donde el celular esté prohibido. Que sea tu espacio para respirar, leer o simplemente estar. Al final del día, el diseño de interiores consciente es el mejor aliado de nuestra resiliencia. Si el entorno nos cuida, nosotras podemos cuidar mejor de nuestro mundo.
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Neurodiseño
Fuente: IDEQUO, modificado por Mariel Gadaleta
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