La obesidad no debe analizarse únicamente desde sus consecuencias físicas, sino también desde los desafíos de salud mental con los que suele coexistir. Quienes viven con esta condición pueden experimentar ansiedad, síntomas depresivos, baja autoestima, aislamiento social y una relación conflictiva con la alimentación, especialmente cuando enfrentan burlas, rechazo o discriminación. Esta relación es bidireccional: factores emocionales como el estrés y la depresión alteran los hábitos alimentarios y de actividad física, mientras que el estigma asociado al peso deteriora progresivamente el bienestar emocional. Aunque el sobrepeso se mide habitualmente en kilogramos o en índice de masa corporal, su impacto más profundo y silencioso no se refleja en una báscula, sino en la mente y en la identidad de las personas.
Comprender esta realidad exige un enfoque interdisciplinario, pues el malestar emocional surge de la constante intersección entre procesos biológicos internos y presiones sociales externas. La Dra. Marisa Rico, especialista en psicología bariátrica de BIB System, señala: «el impacto de la obesidad en la salud mental se origina en la intersección de dos grandes frentes: los procesos internos y los factores externos».

Psicología bariátrica
Enfermedad crónica y sistémica
A nivel interno, al ser una enfermedad crónica y sistémica, sus alteraciones hormonales y metabólicas generan un desequilibrio fisiológico que repercute directamente en la función cerebral. Síntomas como la fatiga crónica, la apatía, la falta de concentración y las alteraciones del sueño tienen una raíz física real, demostrando que el sufrimiento emocional posee un sustento biológico tangible y no constituye una debilidad de carácter.
Esta bidireccionalidad biológica y psicológica cuenta con un sólido respaldo científico. Una revisión sistemática del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) en su publicación La obesidad en México, con más de 60 mil participantes, reveló que las personas con sobrepeso presentan un 55% más de riesgo de desarrollar depresión, mientras que la depresión incrementa en un 45% el riesgo de desarrollar obesidad. El propio INSP señala que este vínculo involucra factores biológicos, psicológicos, conductuales y sociales, entre los cuales la alimentación emocional desempeña un papel central.
Es crucial aclarar que la obesidad, como entidad clínica, no deteriora por sí misma la autoestima. Lo que destruye el autoconcepto son las narrativas reduccionistas que asocian el peso corporal con una supuesta «falta de voluntad», tildando a los pacientes de flojos o descuidados. En la consulta clínica, la Dra. Marisa Rico menciona que ve constantemente el impacto de los mensajes ambiguos o «microagresiones» en el ámbito familiar, donde es muy común escuchar frases como: «tienes una cara tan bonita, lástima de cuerpo» o «Si tan solo bajaras de peso serías perfecta».

Depresión, bienestar emocional
Factores biológicos y la obesidad
Sobre estas expresiones, la especialista advierte: «generan una profunda disonancia cognitiva: por un lado, se ofrece un cumplido sobre la belleza individual, pero de inmediato queda anulado y supeditado al volumen corporal. Esta ambivalencia produce una confusión emocional que el paciente muchas veces no logra nombrar o procesar, acumulando un malestar psicológico silencioso que resulta ser tan limitante como las propias comorbilidades físicas de la enfermedad».
A los factores biológicos se suma la violencia del estigma social, propio de una cultura que condiciona la valía individual a la apariencia física. Este prejuicio reduce al ser humano a lo que marca la báscula, asumiendo erróneamente que la causa de su condición es solo flojera o descuido. La persona termina por interiorizar la culpa, construyendo un autoconcepto marcado por la insuficiencia y la vergüenza, lo que suele evolucionar desde el aislamiento social hacia trastornos formales de ansiedad y depresión.
Este problema no discrimina edades y altera gravemente los entornos cotidianos. Durante la infancia y la adolescencia, someter a un menor a dietas restrictivas para evitar el acoso escolar únicamente refuerza la falsa idea de que los cuerpos grandes merecen burla; la búsqueda de la salud debe responder a criterios médicos, jamás a un mecanismo para eludir la violencia.
Proteger la salud mental de quienes viven con obesidad requiere desmantelar la culpa, el castigo y las dietas extremas. La clave radica en la información y en la atención multidisciplinaria, donde acompañar al paciente junto a médicos y nutriólogos desde un enfoque empático, realista y respetuoso es una mejor forma de abordar la situación.
Te invito a compartir este post a todas tus amigas y correr la voz de este interesante tema. Recuerda que Kena siempre estará en todas las tendencias ayudándote a tomar decisiones. Síguenos en nuestras redes sociales, y está al tanto de lo más top y actual.

Obesidad
Fuente: BIB SYSTEM, modificado por Mariel Gadaleta
Mira este post: México se convierte en el primer país de América Latina en autorizar un tratamiento oral diario para la obesidad
Síguenos en redes sociales como @KENArevista:








