Eso de que «menos es más» es un afortunado juego de palabras, pero no nos engañemos, lo mires como lo mires menos es menos.

No me gusta enfocarme en el más y denigrar el menos como si fuera lo peor que te pudiera pasar en esta vida. Prefiero pensar que menos es mejor, así le devuelvo el lugar que le corresponde.

Yo, que siempre he querido más, ahora ando pensando si no habré estado equivocada. Me enseñaron a ganar, crecí en la cultura del tener, del puedes con todo, en la cultura del caballo grande, ande o no ande.

Sacar más maestrías, publicar más libros, tener más hijos, ganar más dinero, conocer más gente, viajar a más países… Menos mal que no me dio por tener más esposos, porque me habría perdido la maravillosa vida con el que tengo.

La carrera del más no tiene fin, no hay una meta, porque siempre se puede más (también me enseñaron eso).

He tardado media vida en darme cuenta de que, pueda o no con ese más, el caso es que no lo quiero. He descubierto que menos es menos, yes, y sobre todo que menos es mejor. Aprenderlo me ha llevado a abandonar la carrera del acumular, a renegar de la cultura del más. Estoy en el punto de que, sin tanto, vivo mejor. Guau, eso me ha liberado muchísimo.

En verano mi familia y yo nos volvemos trashumantes. Cargamos el carro y nos vamos mínimo tres meses: Francia, Portugal, Inglaterra… Aquí el menos es fundamental.

Nuestro primer viaje fue poco más que una mudanza, solo nos faltó cargar los muebles en la cajuela. En cambio, ahora nos vamos a esquiar y parece que vamos al gimnasio de la esquina. No es que menos sea mejor, es que es muchísimo más que mejor.

Yo empecé por mi ropa, harta de tener el armario lleno y ponerme siempre lo mismo (¿te suena?). Me costó muchísimo, mis viejos jeans me hacían auténtico chantaje emocional para que no me desprendiera de ellos. Hoy, cuando ya me he librado del 70% de lo que tenía, miro mi armario y me relajo, disfruto pensando lo poco que tengo y la cantidad de combinaciones que puedo hacer.

Así que enfócate en tener menos cosas.

Menos “in”-útiles de cocina, menos comida que acaba caducada en el refri, menos refrescos que no quitan la sed, menos ropa que no te vale pero que algún día…, menos cosas rotas que no tiras porque las vas a arreglar, menos tecnología tan desfasada que ya ni sabes cómo se usa, menos calcetines desparejados, menos libros que no volverás a leer, menos juguetes que tus hijos ya no quieren… Descubre que menos es mejor, porque además engancha, aprendes a vivir tan ligera que no quieres más ¡ni regalado!

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