¿Llevas años pensando en renunciar al trabajo? ¿No puedes superar tu relación anterior? Tal vez llegó el momento de planear el cierre.

Entrevistamos a Paula Echegaray, terapeuta familiar, quien nos reveló cuál es la mejor forma de comenzar a cerrar el ciclo de una vez por todas.

ENTREVISTA

¿Cuándo es el momento para cerrar un ciclo en nuestra vida?


El mejor momento para cerrar un ciclo depende de lo que digan principalmente tus instintos. La sobrevivencia expresada en el cuerpo y las emociones te dicen mejor que nadie cuándo algo debe terminarse y necesitas pasar a otra cosa.

¿El cuerpo nos da señales?

Sí, puedes sentirte enferma cuando ya no quieres hacer algo e insistes en seguir haciéndolo, al final el cuerpo grita que ya no es necesario eso en tu vida, y tienes que escucharlo. Aunque realmente tú sabes mejor que nadie cuándo se debe concluir algo, lo sabes en las entrañas.

Generalmente es el miedo a lo desconocido y a la incertidumbre lo que nos impide tomar la decisión, o a repetir experiencias previas traumáticas. Ese miedo es aprendido, no instintivo.

Cerrar algo, terminarlo o dejarlo, es como si muriera una parte de ti.

cerrar-ciclos

¿Por qué nos cuesta tanto trabajo cerrar los ciclos?


Porque siempre cerrar algo, terminarlo o dejarlo, es como si muriera una parte de ti, además de las expectativas puestas en eso y lo que podría llegar a ser. Es la muerte de una parte de tu vida, de ti misma, y a nadie le gusta sentir eso.

Por otra parte, representa la incursión
en algo que desconocemos (lo conocido, aunque duela, ya sabemos cómo funciona y nos da cierto control), y también la incertidumbre de si eso nuevo nos hará vivir mejor o matará otra parte de nuestras vidas nuevamente.
Cerrar un ciclo significa perder algo para ganar otra cosa, hay personas que no toleran los sentimientos que tienen que ver con perder, sobre todo cuando tienen pérdidas previas no cerradas.

Los retos nos provocan generar mayores estrategias de sobrevivencia

Los ciclos mal cerrados se acumulan y potencian las emociones de enojo, dolor, tristeza e impotencia. Cuando tienes mucho de eso te resistes a volverlo a vivir, perdiendo de vista que empezar algo re- presenta también ganancia, experiencia, gente nueva, conocimientos, áreas de aprendizaje y una mejor calidad de vida.

¿Cómo afecta en la
autoestima?

Ideas como: no sirvo
para nada, si me salgo
de aquí nadie más me
va a contratar, no voy a
encontrar otra pareja o estoy grande para emprender
nuevos retos, no permiten que
veas los recursos que has obtenido
hasta el momento, o no te permiten descubrir nuevas habilidades en ti.

 

Toda pérdida implica dolor inevitablemente, pero se pueden minimizar los daños.

Los retos nos provocan generar mayores estrategias de sobrevivencia, y eso revitaliza al cuerpo entero cuando ya se está en ese proceso, y más aún cuando se tienen logros, aunque sean pequeños.

El experto en autoestima, Nathaniel Branden, plantea que muchas veces pensamos erróneamente que para subir
la autoestima tenemos que tener logros, creemos que son primero los logros y luego la autoestima elevada, cuando en realidad es al revés, la consecución de logros, por muy pequeños que éstos sean, suben la autoestima automáticamente. Quedarse estático laboralmente te hace pensar que eres incapaz de obtener logros y esa idea aplasta la autoestima. De ahí la importancia de mantenerse en movimiento.

¿Cómo podemos cerrar sin lesionarnos?

Creo que toda pérdida implica dolor inevitablemente, pero se pueden minimizar los daños. Conozco gente que planeó con tiempo, escribió cartas de despedida, organizó reuniones para explicar sus decisiones, fue anunciando poco a poco el cambio, incluyó a sus seres queridos en el proceso con el mayor amor posible, escribió los pros y los contras del cambio hasta quedar satisfecha, se entrevistó con gente que había a pasado por lo mismo o para aprender de la experiencia y tener menos miedo al cambio. En general, la comunicación asertiva (entiéndase que también con una misma), llevada en un proceso más largo antes del cierre o del cambio, ayuda bastante. Conozco un padre de familia que acudió a terapia por casi un año para saber cómo comunicarle a su pequeña hija que estaba enferma de cáncer y logró despedirse de la manera más amorosa que yo he visto, le ayudó a irse amada, cerró el ciclo sabia- mente, en pocas personas he visto tanto dolor. Lo vi después de dos años, estaba ligero y libre como una hoja, no quedó nada pendiente en ese cierre, la tristeza seguía y seguramente seguirá, pero no enredada con cosas sin resolver.

 

EVALUACIÓN

En términos prácticos, el mejor momento para cerrar un ciclo tendrá que ver con una evaluación completa de tu calidad de vida y las circunstancias por las que estés pasando. Te recomendamos hacerte estas preguntas y poner las cartas sobre la mesa:

  • ¿Vale la pena estar en un lugar aunque no sea feliz?
· ¿No sé si dejar o continuar?
  • ¿Me hace bien concretamente o me hace daño?
  • ¿Me ofrece crecimiento y desarrollo como persona o me limita y me frena?
  • ¿Está por debajo de mis capacidades y yo insisto en seguir?
  • ¿Me ayuda a obtener los objetivos que quiero en la vida?
  • Y si no tengo objetivos claros…
¿me ayuda a clarificarlos y a sentirme totalmente plena?
  • ¿Mi miedo me sobrepasa y paraliza cualquier pensamiento de cambio?

Procesos durante el cierre

Los procesos están relacionados con el duelo, existe negación de que el hecho, persona o situación ya no nos es beneficiosa en la vida, a veces todo lo contrario, ya nos daña profundamente.

  • Enojo por tener que soltar o dejar. Enojo con una misma o con las otras personas porque el plan que teníamos no resultó.
  • Tristeza por la pérdida de una misma en el hecho y por la pérdida de algo o al- guien, también por la pérdida de las creencias que se tejieron en torno a esto, por las expectativas perdidas, por las ilusiones que no se alcanzaron, porque no solo se pierde el objeto, se pierden muchas más cosas.
  • Aceptación de que es necesario, a veces inevitable, el cambio y el cierre del ciclo.
  • Procesos después del cierre
  • Nostalgia por lo perdido.
  • Alivio al descubrir que los factores negativos ya no están presentes y te permiten vislumbrar el futuro diferente.
  • Miedo y ansiedad por lo desconocido y la incertidumbre; finalmente, después de un tiempo, la tranquilidad.
  • Después de todo este proceso, se puede experimentar olvido y desprendimiento de todo lo anterior, y esto es más posible cuando lo que estábamos haciendo antes del cierre no era gratificante.

Para iniciar el cierre de un ciclo:

  1. Antes de dormir, pregúntale al cuerpo ¿cómo se siente?, ¿qué tiene que decir?, ¿qué quiere? El cuerpo siempre sabe.
  2. Hablar con alguien que consideramos capaz de ayudarnos a ver las cosas de otra manera, nos ayudan a tomar decisiones y generar cambios.
  3. Si es posible, toma un tiempo de distancia con la situación, si puedes, en soledad. También puedes hacer un viaje, caminar, hablar con gente nueva. Las señales nuevas nos pueden dar respuestas.
  4. Leer y escribir, sobre todo escribir, todo lo que se te ocurra relacionado con la situación y el posible cambio. Incluir estas preguntas previas: ¿Esto me hace bien o me daña? ¿Me ayuda a crecer o me aplasta? ¿Saca lo mejor o lo peor de mí? ¿Me avergüenza o me enorgullece? ¿Necesito hacer algo al respecto?
  5. Hay un ejercicio muy útil que se llama “La mejor versión de mí” y consiste en escribir, con el mayor detalle posible, en presente y en primera persona, el relato de ese día de tu vida, que normalmente es dentro de un año o seis meses, ¿Dónde estás haciendo lo que quieres hacer? ¿Estás con quien quieres estar? ¿Estás viviendo donde quieres vivir? ¿Es justamente el mejor día de tu vida? Después compara el relato con la realidad, te permite ver si hay que cerrar el ciclo e iniciar el camino hacia ese lugar. ¡Mucha suerte!

 

Comparte tu opinión