La etapa de la niñez es la más importante en el desarrollo de tu hijo para el resto de su vida y, además, para la conexión perfecta entre familia. Por esta razón, presta atención a 4 maneras con las que podrías debilitar el nexo afectivo con tus hijos.

Si quieres que tu hijo sea una persona feliz y se sienta querido y protegido por sus padres, deberías evaluar algunas de tus actitudes como madre que podrían hacer de esta relación la mejor.

Todos los niños, al llegar al mundo, tienen necesidades que requieren ser cubiertas por la madre, y otras, que se deben potenciar con el paso de los años.

Recuerda que educar no es solo pagarle la mejor escuela, educar es aprender dentro de tu posición materna a poner límites  y a saber decir “no” en vez de “si” cuando sea necesario.

Para poder hacer que tu entre tu hijo y tú exista ese vínculo y sea irrompible, evalúa qué cosas te generaron algún tipo de traumas durante tu niñez y no repitas patrones, no des paso al karma.

4 formas con la que debilitas el vínculo afectivo con tus hijos:

  1. Cuando no lo escuchas: al no escuchar o prestar poco interés en lo que pueda decirte tu hijo automáticamente empiezas a poner muros entre él y tú.

Si alguna vez lo has mandando a callar, ¡cometiste un gran error! Con este rechazo, lo que empezarás a ocasionar es que el niño deje de dirigirse a ti.

  1. No le des sanciones absurdas: no confundas el término “educación” con “sanción”. El castigar a tu hijo de forma constante por errores comunes que todos los chiquitines hacen es debilitar su autoestima.

La inseguridad es otro de los desgastes que pueden debilitar ese vínculo entre tu hijo y tú.

  1. Cero comparaciones: no se te ocurra compararlo con otro o añadirle etiquetas para hacerlo sentir mal.

Por lo general, el error en el que caen muchos papás es manifestar su enojo usando frases que desvalorizan el rendimiento y la psicología del niño.

Esto podría traer como consecuencias, como una gran inseguridad en la vida de la persona hasta siendo adulto.

  1. Maltrato físico y verbal: no creas que es buena manera de reprender a tu bebé dándole dos correazos o pegándole 4 gritos, haciendo notoria tu ira con palabras groseras.

Al tomar estas conductas agresivas, el niño te agarrará miedo y quizás tú lo confundas con respeto, pero no es así.

Cuando llegue el momento de querer gritarle a tu hijo, piensa en los daños psicológicos irreversibles que puedes ocasionar y maneja tu ira como mujer adulta, interiorizando contigo misma y buscando el equilibrio emocional, para luego poder corregirlo en forma correcta, sin maltratos ni ofensas.

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