¿Y cuántos oídos tiene que tener un hombre / para que pueda oír a la gente gritar? / Sí, ¿y cuántas muertes se aceptarán / hasta que se sepa / que ha muerto demasiada gente?”. Y con el estribillo que en 1963 lo lanzó a la fama, el propio Bob Dylan nos responde: “The answer, my friend, / is blowin’ in the wind, / the answer is blowin’ in the wind”.

Así es su música: una invitación a que nos cuestionemos la manera en que vemos y vivimos la vida, a que nos comprometamos en la búsqueda de respuestas para la injusticia y el sufrimiento que amargan las relaciones humanas, sean estas políticas o sentimentales, a través de letras de alta calidad literaria.

Robert Zimmerman nació en el pueblito rural de Duluth, Minnesota, EEUU, en el seno de una familia judía, el 24 de mayo de 1941. Allí, desde temprana edad, entró en contacto con la música tradicional americana de raíz europea, que es como decir el equivalente americano de la ranchera o la música norteña.

En 1959 ingresó a la Universidad de Minnesota, donde, a decir verdad, no aprendió casi nada, a excepción de un par de cosas: el amor por el folk (que podemos describir como la reinterpretación que hacían los jóvenes músicos americanos de la tradición musical euro-americana) y por el blues, y la vida y obra del poeta británico Dylan Thomas (1914-1953), de quien Robert tomaría el nombre artístico con el que más tarde se haría famoso.

El folk se cantaba con banjo o guitarra, y con armónica. Y así lo hizo un jovencísimo Dylan en sus primeras presentaciones. Míralo aquí:

Fantástico, ¿no? Eso mismo pensó Joan Baez, otra famosa cantante de folk, apenas lo vio. ¡Y qué inconfundible timbre de voz! Pero vamos por partes.

De Joan Baez al rock and roll

Decidido a hacer carrera como cantante, en 1961 Dylan abandonó definitivamente la universidad y se mudó a Nueva York. Tocó en los cafés de Greewich Village, un lugar habitual de reunión para los amantes del folk. Ahí fue donde Baez lo descubrió.

Al principio, su amor solo se expresaba de manera formal: lo invitó a giras por EEUU y le abrió las puertas de importantes escenarios a los que un Dylan poco menos que desconocido no hubiera podido acceder por sí mismo. Pero poco después ese amor se hizo pleno y abierto: cantaban, se amaban y hacían activismo político contra la discriminación racial, inspirados por Martin Luther King, Jr.

Con Joan Baez

Con Joan Baez

Sin embargo, en 1965 Dylan decidiría darle un viraje a su carrera artística. Es el año de su el tercer disco, Highway 61 Revisited, en el cual incluye el tema “Like a Rolling Stone”, que se aleja del folk para adentrarse francamente en el rock and roll. Cuando interpretó esta canción en el Festival de Folk de Newport, ese mismo año, con guitarra eléctrica y amplificadores, el disgusto del público no se hizo esperar: silbidos y abucheos. Fue el nacimiento del Bob Dylan rockero.

Nunca descuidaría la calidad literaria de sus letras. Más aún: posteriormente volvería al folk tradicional. Pero lo que sí quedaría definitivamente roto con su distanciamiento del mundo del folk y de la lucha por los derechos civiles, fue su relación con Joan Baez. Poco después Dylan se uniría en matrimonio con la modelo Sara Lowndes, junto a quien traería al mundo cuatro hijos.

Accidente de moto

En 1966 sale a la venta su álbum doble Blonde on Blonde, considerado por los expertos en música como uno de los mejores discos de pop-rock de la historia. Son solo 14 canciones en total, pero una de ellas, «Sad eyed lady of the lowlands», dedicada a su esposa, dura nada más y nada menos que 23 minutos.

Pocos meses después del lanzamiento de Blonde on Blonde Dylan, aficionado al motociclismo desde su adolescencia, sufriría un grave accidente en su Triumph 500 que lo obligaría a olvidarse de giras y grabaciones en estudio durante los siguientes dos años.

Ya recuperado, sin embargo, su trayectoria artística siguió siendo un éxito ininterrumpido: Blood on the tracks (1975), Oh mercy (1989), Love and theft (2001) hasta el muy reciente Shadows in the Night (2015).

Bob Dylan, escritor  

Como si no le satisficiera su inmenso y prolífico talento musical, en 2004 publicó, en dos volúmenes, Chronicles, su autobiografía. El libro fue un exitazo, y junto a la ya reconocida calidad literaria de las letras de sus canciones, dio pie a que el cantante fuera nominado al premio Nobel de Literatura.

Aunque el severo jurado de Estocolmo no parece haberse tomado muy en serio esta postulación, otro gallo cantaría en Oviedo, donde en 2007 le sería concedido el premio Príncipe de Asturias. De acuerdo al jurado, Dylan es un “mito viviente”, “el faro de una generación que tuvo el sueño de cambiar el mundo”; también reconoció “la austeridad en las formas y la profundidad en los mensajes” que el músico transmite a través de sus canciones.

Definitivamente, no hay éxito, reconocimiento o récord de ventas que apague la sed creativa de Bob Dylan. A finales de este mes de mayo saldrá a la venta su nuevo álbum, Fallen Angels. Échale un vistazo aquí al promocional “Melancholy mood”:

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