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El calor de la Habana corre por sus venas, y las flores mariposas de su tierra natal son el marco perfecto para su belleza de piel trigueña, mirada intensa y cabello negro como la noche. Es Livia Brito, la actriz que conquistó el corazón de todos los mexicanos con esa personalidad enérgica que imprime a sus personajes. Si vienes del sol, tienes que brillar.

Con sus 30 años recién cumplidos, Livia vive carpe diem y se mantiene abierta a toda nueva experiencia, con un pensamiento sensible hacia cada nuevo proyecto que toma. Habiendo incursionado en todas las facetas del entretenimiento, empezando por la actuación en sus tres ramas –tv, teatro y cine-, también ha sido con- ductora de un programa televisivo, y ha sido reconocida con dos premios de TV y Novelas. Apuesto a que querrás saber qué tiene preparado para el 2017.

En Cuba fueron sus primeros pasos. Y así como el sabor está en su sangre, el talento viene de casa. “Yo vengo de una familia total- mente artística. Y creo que lo que ves es lo que haces”, nos explica Livia, con toda razón, sobre la inspiración de sus padres para elegir su profesión, el actor, Rolando Brito y su mamá, Gertrudis Pestana, que fue bailarina de ballet clásico y, eventualmente, de danza contemporánea. Livia nació el 21 de julio de 1986 en Cuba. Sus padres decidieron emigrar cuando ella tenía 13 años, y para 1999 ya se encontraban viviendo en el D.F, porque Rolando estaba trabajando con Televisa. Así que podemos presumir que ella es un talento totalmente made in: México.

 

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Hecho en México

Aprendí el acento rápido”, dice Livia de cuando se mudó a la tierra que siente suya. Y sabiendo a lo que se quería dedicar de corazón, estuvo en 2009 y 2010 en el Centro de Estudios Actorales de Televisa (CEA). Todo trabajo artesanal o profesional tiene una preparación. Academia ante todo, y Brito no es la excepción.

Apenas finalizó los estudios, recibió su primera oportunidad, de la mano del productor Salvador Mejía, en la telenovela Triunfo del amor, en la que personificó la inconformidad y la auto-superación en un solo personaje: Fernanda Sandoval, una joven caprichosa adicta a las drogas que, en consecuencia, termina paralítica, para luego rehabilitarse y regresar a vivir mejor y plena. Gracias a ello, Livia recibió su primer premio de TVyNovelas a Mejor actriz juvenil de 2012. Sí, hay que empezar con el pie derecho. “Yo creo que lo que aprendí de Fernanda fue a tener paciencia, a saber que las cosas poco a poco se van dando. Y así como ella agradeció a la vida y a Dios el poder superar la invalidez, yo me levanto todos los días feliz de tener energía, salud y trabajo, con una familia que me ama y me adora”, nos comenta con respecto a lo que le dejó esta experiencia.

Dos años después, participó en la producción de Angelli Nesma, junto a Angelique Boyer, David Zepeda y Mark Tacher, en la telenovela Abismo de pasión, en la que personificó a Paloma González para demostrar que la amistad y el amor siempre serán sentimientos muy delicados en la vida de cualquier persona. Esta historia le dio otra estatuilla de TVyNovelas en 2013, cuando la volvieron a reconocer como Mejor actriz juvenil.

Para 2013 estrenó su primera película: No sé si cortarme las venas o dejármelas largas. De esa producción reconoció que disfrutó la investigación de campo que le brindó su persona- je, debido a que era una teibolera, y dice que le abrió los ojos al mundo tal y como es. “Tuve que entrevistar a una señora venezolana en un antro, que me contó que tenía cuatro hijos a los que tenía en las mejores universidades de México, gracias a su trabajo. Y descubrí ese toque emocional de todos los seres humanos que hay en cada persona. ¿Sabes? Como que a muchos se les olvida que no somos del todo a lo que nos dedicamos. Ella no solo trabajaba en el antro, sino que también era mamá. Y pese a que fue un papel  pequeño, igual me recordó que todos tenemos sentimientos

 

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