Una existencia dedicada al arte y al activismo marcaron el trabajo de esta reconocida intelectual que nunca abandonó la polémica y siempre se puso del lado de los que pensó eran los más desvalidos.

Por Roberto Rodríguez Mijares

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Tormentas y luz

Después de haber incursionado en el cine con poco éxito, Susan Sontag se enfrentó a algo que pocas veces había tenido frente a sí: el fracaso. No era cierto que fuera una terrible documentalista, pero su trabajo audiovisual no era comparable con desarrollo literario, en especial en el apartado de los ensayos.

Con los pies un poco más en la tierra -quizás gracias a las lecciones que brindan los puntos bajos- Sontag volvió a lo que mejor sabía hacer, escribir. En 1977 se publica una de sus obras más famosas, un ensayo que se convirtió en referencia y sigue siendo clave para el estudio de la imagen hasta nuestros días: Sobre la fotografía.

Si bien se trata de un título sobre lo visual, lo que realmente tiene peso en este texto son las palabras. Gracias a este libro Susan volvió a montarse en la cresta de la ola de la popularidad intelectual. Paradójicamente, en paralelo, Sontag atravesaba una situación personal bastante delicada, había sido diagnosticada con cáncer de mama.

Fiel a su vocación, Susan convirtió su experiencia en idea y en palabra. Pese al malestar que el tratamiento de su enfermedad le generaba, logró darle forma al volumen La enfermedad y sus metáforas. Con este trabajo la escritora buscaba exponer cómo los mitos que se ciernen sobre ciertas enfermedades generan actitudes sociales tan o más dañinas en el paciente que la misma enfermedad. Diez años después, y ya recuperada, Sontag amplió su ensayo con el texto El sida y sus metáforas.

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Las mieles del trabajo

Para finales de los años 70 no quedaba la menor duda del talento de Susan Sontag. Fue nombrada miembro de la Academia Americana de las Letras, toda una consagración personal y profesional. Sin embargo otros intereses empezaron a abrigarse en su interior. Susan desarrolló una vena como activista de los derechos humanos que la hizo estar mucho más presente en la escena pública y ser parte de organizaciones de carácter tanto literario como político.

La provocativa posición de Susan Sontag en la literatura estadounidense gira casi siempre en torno a la idea del conflicto, con la particularidad de que lo hace en un país en el que los escritores no suelen hacer eso. La inconformidad de Sontag no es la rebeldía que quizás mostró en su juventud, para nada. Se trata de una sólida y firme invitación al cuestionamiento constante. Ella motivó debates de altura y diatribas descarnadas acerca de su misma obra, por supuesto, pero sobre todo acerca de su propia persona, y no como un ejercicio de ego.

En el año 2000, Susan editó En América, su cuarta novela, la cual narra la historia de una inmigrante polaca del siglo XIX. Gracias a este libro Sontag se hizo acreedora de del National Book Award y -al siguiente año- del Premio Jerusalén. En 2003 tuvo que compartir el Premio Príncipe de Asturias de las Letras con su colega marroquí Fátima Mernissi.

Portrait of American author and critic Susan Sontag (1933 - 2004) smiles broadly as she leans, arms crossed, against a bookshelf in the offices of her publisher, Farrar, Straus, and Giroux, New York, New York, January 23, 1978. (Photo by William E. Sauro/New York Times Co./Getty Images)

 

Últimos años

El último libro que publicó en vida fue Ante el dolor de los demás. Se trató de un ensayo corto en el cual dos de sus principales obsesiones se dieron cita: las imágenes y la guerra. El texto reforzaba la idea del derecho del hombre a no querer ver imágenes violentas, pese a que Sontag se esforzó toda su vida en hacer lo contrario.

 

Sontag murió el 28 de diciembre de 2004 en el hospital Memorial Sloan Kettering, Nueva York. Tenía 71 años. La causa de su muerte fueron complicaciones de un síndrome mielodisplásico que desembocó en una leucemia mielógena aguda. Para el final de su vida, había compartido con muchísima discreción 15 años de relación sentimental con la afamada fotógrafa Annie Leibovitz. Quien fuera experta en sacar a la luz en sus ensayos la ropa sucia de su país, nunca quiso que su vida privada se ventilara. Hoy sus restos mortales descansan en el cementerio parisino de Montparnasse.

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