Hay heridas sin daños físicos que son mucho más profundas que aquel raspón que te hiciste andando en bicicleta. Estas traen consecuencias en el proceso de la vida. Rechazo y abandono, ¿te suena?

La felicidad a veces no es real

Realmente hay muchas heridas del alma, pero en esta ocasión hablaremos del rechazo y del abandono. ¿Te has sentado a analizar por un momento todo lo que sufre una persona que es víctima de alguna de ellas?

Lise Bourbeau, autora de diversos libros de superación personal, fue una brillante gerente de ventas regional en Canadá. En ese entonces, tuvo la oportunidad de colaborar con más de 400.000 personas y durante este proceso se dio cuenta que muchos disimulaban una vida feliz.

Comenta que muchos de ellos decían, de la boca para afuera, lo “felices” que eran, pero logró percibir lo que había de su boca para adentro.

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Heridas de vida: rechazo y abandono

Reconoce y acepta: la herida está presente

La autora explica en sus libros que “todos al nacer venimos con la misión de vivir experiencias una y otra vez, hasta que podamos aceptarlas y amarnos a través de ellas. Cuando tenemos juicios, culpabilidad, temor, crítica o quejas sobre lo que hacemos o somos es muestra de que no nos aceptamos y nos volvemos poderosos imanes que atraemos personas y circunstancias que nos hacen revivir esa experiencia”.

Es muy importante que se acepte la experiencia, de esta manera podemos reconocer y saber qué pasó después de eso… ¿Qué cambió?, ¿cómo alteró mi vida?

¿Vale la pena el reproche?

Al aceptar todo lo sucedido, no es saludable hacerte reproches, castigarte o buscar culpables de lo que ocurrió. No desgastes tu tiempo ni tus energías en esto, no tiene utilidad. Recomendable sería que perdones, agradezcas y tomes el aprendizaje de todo para poder avanzar.

Repasemos estas dos heridas tan importantes.

  1. Rechazo: herida que se sufre en silencio:

Esta herida, por lo general, empieza a alimentarse desde que somos muy niños y, según expertos, podría generarse incluso desde el embarazo.

Por ejemplo: si estás embarazada y quieres con ansias una niña, al saber que esperas un niño, ya tú bebe siente el primer rechazo involuntario de tu parte. Digo involuntario, porque igual lo amarás con el alma.

Para todas las edades y ante cualquier circunstancia, las reacciones al rechazo son notorias ante los ojos de quien percibe las conductas de la persona afligida. Huir es una de ellas.

  1. Abandono: herida que transforma por la ausencia

Uno de los casos más comunes es el abandono de padres desde la infancia. Esto genera una sensación de: “nadie me quiere”, “me dejaron solo”, “estoy solo”.

Esta herida se va desarrollando con el paso del tiempo, construyendo un muro de dureza y soledad, aunque se demuestre todo lo contrario.

Una de las características de estas personas es que siempre intentan llamar la atención donde estén, procuran sobresalir entre su grupo de amigos y, en ocasiones determinantes, suelen victimizarse.

Lise concluye que, ante todo, lo importante es reconocer, aprender y avanzar para ganarle la batallas a estas dos razones negativas que perjudican tu forma de vida.

¿Cómo conseguir la felicidad plena? aquí tienes la fórmula:

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