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Ayer fue uno de esos días que te enamoran cuando de hablar de moda se trata. Fueron doce horas de desfiles, uno, tras otro. Cada uno de ellos (con excepción de Jeremy Scott) más y más mágicos, superando uno a uno al anterior.

Las gemelas Olsen y María Cornejo

La mañana comenzó con “The Row”(de las gemelas Olsen ¡sí! las niñas de “Full House”) seguido por Maria Cornejo. Ambas casas creativas presentaron colecciones alejadas de la tendencia del momento.

«The Row» fue muy Zen y muy estructural. El uso de colores blancos y negros predominó en ropa con sencillez en su “decor” y con una alusión al uso del delantal como vestido de noche,  combinándolo con pantalones muy finitos en su talle. La colección transmitió paz. Por su parte, Maria Cornejo, mostró una colección celestial, llena de colores blancos y vestidos que flotaban en la pasarela.

CAROLINA HERERA

Luego vino Carolina Herrera, la eterna emperatriz de la moda de New York. La venezolana celebró su aniversario número 35 en el negocio haciendo alarde de la mejor manera: reinventando la personalidad de su marca. Con un glamour muy fresco, presentó vestidos de lujo hechos en jean, seda, kakis, mezclados con brocados de flores (uno de los más sublimes a mi criterio) así como patrones de rayas verticales y otros de guingán con corbatines de hombre. Innovó sin perder su esencia.

Jeremy sin innovar 

Aparece entonces Jeremy Scott, con una inspiración ochentosa, bastante kitsch y a sabiendas que todo el mundo que tiene algún tipo de relación con la moda en la ciudad de New York estaba ahí. Se puede decir que esta invitación/integración masiva hecha por la marca, es de lo que se trata la nueva era en la moda. En lo personal siento que mas que un desfile de moda fue un show poco innovador. La colección básicamente está pensada para el consumo de las «fashion victims» y para nada dirigido a los grandes conocedores del rubro. Creo que a estas alturas los diseñadores deben innovar y evolucionar manteniéndose fieles a su historia. Las últimas colecciones de Jeremy Scott fueron repetitivas  (diferentes temas, misma ejecución) aunado eso al ambiente que ofreció su show, podrían calificarse como algo poco exclusivo y nada especial.

Hablando de mantener la historia en la identidad de la colección debemos acotar que Oscar de la Renta hizo eso. Ésta última colección, antes de la nueva administración creativa que será presidida por Fernando Garcia y Laura Kim (Monse), mostró como cada pieza tenía una similitud a piezas mostradas en la antigüedad de la marca. La dirección creativa de este último capítulo antes del cambio fue una reinterpretación de los archivos de esta gran casa de moda. No fue mala, no fue aburrida, sin duda dio un sentimiento de cierre/despedida a un momento que no fue tan bueno y le genera un lienzo en blanco totalmente virgen a sus nuevos creativos.

THOM BROWNE

Por fin toca hablar del campeón de la noche y tal vez el de esta Semana de la Moda. Thom Browne, conocido por sus shows irreverentes, avant garde, un tanto sombríos, nos sorprendió con la antítesis de sus ideas pasadas, pero fiel a su identidad como un diseñador de pautas, de impacto y de tendencias. Recibió a sus invitados en un escenario que asemejaba a una piscina de algún hotel fabuloso en Palm Beach a finales de los años cincuenta, con todo y el cliché de las «Stepford Wives” que de seguro lo frecuentarían.

Las modelos, que estaban ya presentes a la hora de empezar el show, vestidas abrigos voluminosos con aplicaciones de flores, estampados brillantes y sombrerillos tipo de bañadores de esa época. De repente y de manera ordenada, a la hora de empezar se formaron y comenzaron a quitar la ropa (no de una forma sensual, mas bien parecía una especia de formación militar por la coordinación) revelando vestidos al talle de colores blanco, negros y de colores pasteles (muy country club) con un estilo muy formal. Los trajes, eran piezas enteras cuyos estampados eran los que diferenciaban las partes de un traje, una chaqueta con una falda, un tux pero no en piezas separadas, todas estampas ilusorias unificadas en un solo vestido. Imaginasen un vestido blanco donde el diseñador pintó (creo el textil en este caso) en una dimensión exacta un traje en él. No habían piezas por separados, era un todo en uno. Esto se convirtió en la máxima representación de arte que la moda ha visto en un buen tiempo. Muy pop, muy divertido y muy intrincado en su elaboración. Si me preguntan si lo usaría le respuesta es ¡sí! Por cierto, no había wifi para evitar ese efecto inmediato de las redes sociales.

Proenza Schouler

El día finalizó con Proenza Schouler. Los diseñadores Jack McCollough y Lazaro Hernández, declararon a la prensa que querían hacer algo similar a lo por lo cual la gente los ha aclamado con un sentimiento de frescura. En realidad ese es el deber ser de la moda, de lo contrario nadie compraría lo nuevo. Y resultó en un triunfo al lograrlo con tanta elegancia y con un trabajo que eleva la barra en la ejecución del atuendo. Desde tejidos de cuero muy finos entrelazados para crear vestido al talle, al uso de plumas de avestruz intercaladas, generando un efecto de tablero de dominó en el torso cayendo en deshiles de las mismas generando un efecto de falda y camisa (muy sport, muy fresco) siendo una sola pieza. Los diseñadores consiguieron el lujo, con técnicas dignas de la alta costura permitiendo imágenes frescas y comerciales con una ejecución digna, muy pensada y elaborada.
Por lo mencionado decimos que fue un día de ensueño. Lo malo. no fue malo. Los clásicos fueron elegantes e innovadores. Quienes no tienden a seguir tendencias ofrecieron variedad, frescura y tranquilidad. Todos en shows especiales, pensados en generar experiencias, sentimientos y por ende recuerdos.
Lindo Lunes New York. Nos leemos mañana.

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