Prácticamente son 3 meses los que hemos tenido que permanecer en casa, saliendo solo para tareas esenciales. Esto ha implicado cambios de rutina, dejar de hacer cosas que nos gustan, adaptar nuestra vida y nuestras actividades al contexto, necesario pero molesto, de la pandemia. Hemos experimentado ansiedad, enojo, aburrimiento, miedo, frustración y ha habido cambios observables como dejar de hacer ejercicio, comer en exceso, insomnio y estas se convierten en fuentes añadidas de malestar.

Esta experiencia nos resulta muy entendible y puede que nos parezca ilógico que haya quien no esté deseoso de que esto pronto termine, pero curiosamente los hay.

Poder salir nuevamente a la calle, ver a la familia, los amigos y regresar a nuestras actividades cotidianas, aunque estas se planteen dentro de una “nueva normalidad”, no resulta atractivo para todos. Hay quienes pueden experimentar miedo y ansiedad de reincorporarse a las actividades, es lo que se ha llamado “Síndrome de la Cabaña”, aludiendo a la cabaña como ese lugar seguro en el que se ha pasado este tiempo.

Si tú eres uno de ellas o conoces a alguien no te preocupes, es un fenómeno psicológico “natural” ante tanto tiempo de confinamiento y más aún si se ha pasado sin compañía.

Causas y formas de salir de la cabaña

Circe Montes de Oca, Coach de apoyo psicoemocional en Pronokal México, nos explica que quien experimenta “síndrome de la cabaña” se adaptó a las circunstancias, encontró en el aislamiento social seguridad, tranquilidad, más horas de sueño, etc., y salir nuevamente implica renunciar a esta zona de confort. Pero también puede significar reincorporarse a contextos que resultan poco estimulantes, regresar al estrés del transporte público, el tráfico, un ambiente laboral desagradable y hasta exponerse con algunos kilos de más.

La pandemia sigue su curso y el riesgo de contagio es real, tal vez si alguien cercano enfermó, si esta experiencia fue complicada e incluso hubo alguna perdida personal, se convierte en un escenario de vulnerabilidad en donde el miedo es comprensible. Pero lo que hace particularmente difícil para estas personas el regreso es la sensación de que todo está fuera de su control y no tiene las habilidades necesarias para afrontarlo.

Evitan salir renunciando a cosas valiosas para su vida (regresar al gimnasio o ver a los amigos) y experimentan episodios de ansiedad intensa al anticipar aquellas tareas que no podrá eludir. Ambas condiciones significan un sufrimiento que disminuye la calidad de vida y pone el riesgo cosas importantes para la persona.

¿Qué puedo hacer si reconozco este miedo en mí?

Primero, programa salidas graduales: Por ejemplo, empieza saliendo a calles cercanas de casa y por un tiempo corto, puede ser acompañado y después intentarlo a solas. Es recomendable salir a hacer algo que te resulte agradable (pasear a tu mascota, tomar el sol, sentarte a leer en un parque, hacer caminata) para que de manera natural quieras volver a intentarlo. Puedes hacer un calendario en donde definas con anticipación qué día(s) y en qué momento llevarás a cabo la tarea.

Al final preguntarte cómo se sintió, qué se siente de haber logrado el propósito y sobre todo enfocarte en que todo está bien.

No esperes a sentirte bien o con ganas para hacerlo, simplemente ¡Hazlo! Verás que después llega la sensación de mejoría y confianza.

Segundo, procura tener las medidas de higiene recomendadas: (cubre boca, gel antibacterial, estornudo de etiqueta y mantener la sana distancia) de tal forma que la sensación de seguridad esté presente. Evita estar en contacto excesivo con noticias que alienten tu miedo, busca fuentes confiables, las redes sociales no suelen ser lo mejor. Estos espacios suelen recolectar miedos de los que estás intentando distanciarte.

Es importante estar informado, pero con medida.

Tercero, no pierdas el contacto con otros: Los mensajes, llamadas y otros recursos son medios eficaces y seguros para no renunciar al contacto social que es más que lo presencial. Si te das cuenta que te has alejado, recupera a esas personas importantes, con las que tienes la experiencia de momentos agradables. Puedes incluso compartir con ellos cómo te sientes, verás que obtendrás mensajes que te darán la confianza que buscas.

Si esto no es suficiente para sentirte mejor, busca ayuda profesional. No hay nada malo en ti, estás respondiendo para protegerte, pero esta solución es momentánea y después será un problema mayor. Tener miedo es normal, es una respuesta natural a lo que estamos viviendo, pero no permitas que te aleje de lo que valoras ni de la vida que deseas finaliza Montes de Oca.

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