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«¡Tengo derecho a todo!»

También conocido como Affluenza, el síndrome de niño rico se presenta cuando hay exceso de cosas materiales en la vida de un joven.

Lucía tiene solo 9 años y desde octubre comenzó a escribir su lista para Navidad. Los «electrónicos de moda» ocupan el primer lugar. Quiere cambiar su celular por el más nuevo, el reloj que le hace match, la computadora de última generación, la cámara instantánea para hacer más «selfies», la tablet para poder dibujar… Así como Lucía muchos pequeños, aspiran tener una abultada serie de regalos.

Muchos de ellos sufren de Affluenza o Síndrome de Niño Rico.

¿Qué es la Affluenza?

El síndrome de niño rico suele darse en familias con mucho dinero, sin embargo no es una patología única de este estrato social, también ocurre en familias de clase media o en cualquier núcleo familiar donde se le dé todo lo que piden a los niños, sin ningún tipo de esfuerzo o razón real. 

Se origina en muchas oportunidades por la mala práctica de padres que satisfacen «las necesidades» de sus hijos con objetos, pensando que no quieren que nada les falte. Les dan todo lo que pueden, sin justificación alguna, pero este “todo” se basa en cosas materiales.

Los niños superados por la cantidad de objetos que reciben no saben cómo comportarse apropiadamente y al no obtener lo que desean se quejan, lloran, gritan e inclusive faltan el respeto. Nunca es suficiente y comienzan a tener una conducta de desapego.

Consecuencias del Síndrome de niño rico 

La consecuencia más grave es que este trastorno aísla poco a poco al niño de la sociedad y de sí mismo, por la sensación de insatisfacción que lo persigue constantemente. Uno de las primeras manifestaciones es el aburrimiento constante aunque el niño tenga cualquier cantidad de juguetes u objetos tecnológicos. Cuando son adolescentes el problema se agrava dado que pueden caer en conductas violentas al no conseguir lo que desean. Estas pueden incluir drogas, exceso de alcohol y abuso de otras personas.

Algunas madres o padres pueden desesperarse cuando un niño quiere algo y no pueden comprárselo, sabemos lo que se siente. Sin embargo, no es una cuestión de poder adquisitivo sino de educar en valores y enseñar que las cosas hay que ganárselas con esfuerzo, en la vida real todo cuesta y para obtener grandes cosas hay que trabajar duro. 

Pensando que hacemos bien, finalmente les estamos haciendo mal, al complacerlos con estos objetos que no llenan sus corazones y que los transforma en seres fríos y “malcriados”. 

Libertades y valores deben ir de la mano 

En la actualidad el tiempo es mucho más valioso que en otras épocas, ¿cuántas veces escuchamos a las personas decir que necesitan más tiempo o que el tiempo no les alcanza? A pesar de esto, es importante que siempre haya tiempo para la familia.

Los niños necesitan de la mejor orientación en su proceso de educación, su desarrollo depende por mucho tiempo del apoyo que brindemos como padres y en el futuro se comportarán de acuerdo a los valores que sembremos en ellos, si les enseñamos que todo esfuerzo tiene su recompensa, aprenderán desde pequeños a valorar cada objeto que tienen pero también a valorar a la familia y a las personas que los rodean. 

Cuando educamos a nuestros hijos con respeto, tolerancia, esfuerzo y valoración por las cosas, sabemos que podemos confiar en ellos y que no pedirán algo que realmente NO necesitan. Para dar amor no hace falta el teléfono de última generación para dar amor solo hace falta tiempo de calidad en familia.

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