La familia como concepto es algo que ha cambiado drásticamente (por fortuna) ya desde hace muchos años… El asunto es que nos seguimos enfocando en los viejos «modelos» tradicionales de «antes» y la verdad es que eso ya no va.

Boston Public Library

Las familias actuales se componen de muchísimas maneras y me parece que eso permite que las personas nos podamos integrar de mejor manera como sociedad.

A mí, en lo personal, no me gustan las etiquetas y tampoco los prejuicios sobre la manera en que las personas eligen vivir y amar: para mí una familia se construye por elección entre las personas que deciden hacerlo. Punto. Y al elegir no tiene que tener un número de integrantes, ni tampoco es exclusiva de una combinación de géneros. Me parece perfecto (literal), que las familias se construyan con y sin hijos, en pareja o incluso entre amigos, que las personas consideren a sus mascotas su familia y que todas las posibles combinaciones ofrezcan espacios seguros y contenidos para que quienes forman parte de ese círculo sea feliz en él.

Foto Marcel Martens

Yo tengo una familia que muchas personas consideran «normal» y otras tantas no. Es una familia grande porque tenemos cuatro hijos en una época en la que «mucho» varía según la percepción de las personas. En mi familia hemos adoptado a un perro y a una gata… y somos cercanos a muchas familias que son diferentes y eso nos enriquece en todos los sentidos. En nuestro círculo cercano (familia por elección) hay familias monoparentales y familias que no tienen hijos; tenemos amigos que son pareja y amigos que viven con otros amigos y amigas, personas que se han casado varias veces y los que nunca lo han hecho, hay quienes deciden vivir en pareja o solo vivir con sus mascotas…

Todos esos modelos de familia son bienvenidos en la nuestra, por varias razones:

  1. Ninguna familia necesita la aprobación de nadie para constituirse y trascender.
  2. Cada persona tiene una historia personal que la hace elegir o no la forma en la que quiere compartir su vida y con quién quiere hacerlo.
  3. La diversidad enriquece la convivencia y el conocimiento en cualquier circunstancia humana.
  4. La familia perfecta no existe.
  5. El ser humano nació libre y eso significa que sus elecciones de vida también lo son.
Foto de Cody Black

El contraste con todo lo anterior es que aún en el 2020 hay quienes siguen calificando de «normal» o no los estereotipos de familia y como en tantas otras situaciones eso solo nos divide y debilita como comunidad.

La familia sin una forma única de existir, lo que ofrece es apoyo, pertenencia, un espacio emocional único en el que se comparten ideas, pensamientos, tradiciones y en donde se viven experiencias de vida y se crean memorias.

Los tiempos que atravesamos nos han recordado la importancia de la familia, de estar con los nuestros, amarlos, cuidarlos y procurarlos, de alguna manera hemos experimentado de manera cercana y tangible lo finita que es la vida, el poco tiempo real que nos es concedido para ser y estar.

Cuando tenemos una familia (lo que eso signifique), pertenecemos con otros, nos volvemos parte de algo y ese «algo» crece con nosotros, se proyecta hacia afuera porque la fuente, el origen, las raíces, lo que somos, viene de la familia.

Cierto es que no hay familia perfecta, todos tenemos nuestras diferencias, nuestros desacuerdos, lo que rechazamos, lo que negamos, a veces; nuestra familia crece de manera inesperada y a veces nos vamos haciendo menos, aún en contra de nuestra voluntad.

Es en la familia en la que empezamos a experimentar el amor en muchas de sus formas, la empatía de entender a otros sin ser ellos, la solidaridad para estar unos para otros porque «somos familia», aprendemos los límites, las consecuencias, la vida y también la muerte. Es en familia que ensayamos ser personas (ojalá de bien), que después encajarán en una sociedad. Por nuestra familia nos sentimos capaces, motivados, emocionados y hasta preocupados. Dicen que la familia NO se escoge y que muchas veces entre nosotros somos maestros unos de otros; yo creo que a veces la eliges y a veces no… pero siempre si está de por medio el amor, estás dispuesto a darlo y compartirlo todo por esa familia.

Foto Sharon McCucheon

Los seres humanos somos complejos y cada familia (pequeña o grande, tradicional o irreverente) es un universo, como una célula viva que va formando parte de otras células en las que trasciende: escuela, trabajo, amistades, nuevas parejas, formas de vida. Lo que es un común denominador es que dentro de la familia que cada uno tengamos, cada integrante es único y aporta algo especial e irremplazable a la misma y si nos tratamos y amamos desde ese lugar, nuestra familia será el laboratorio de nuestra vida para elegir hacia el futuro, para que los que tenemos hijos ofrezcamos un modelo a seguir; o no!, para que desde ese círculo íntimo aprendamos a amar y a respetar las decisiones de otros sin juzgar.

Las formas de vida en la actualidad también nos ha enseñado que familia se forma de muchas maneras, a veces acabamos sintiéndonos familia de alguien con quien no crecimos, no tiene que ver con la sangre o el linaje, sino con la libertad de amarnos y de elegirnos entre nosotros, entre miles y millones que somos seres humanos.

Mi familia es el centro de mi universo, por ellos he conocido las emociones mas importantes de mi vida, eso incluye a mi familia primaria (padres y hermanos) y ahora a mi familia (esposo, hijos y mascotas) y a mi familia extendida (familia por elección). Gracias a estos espacios sagrados he conocido las formas más sublimes de amor y de entrega y las angustias y miedos más profundos cuando cualquier de ellos está en peligro o se ha ido…

Es en mi familia donde pongo mis mayores esfuerzos y modos, donde considero de manera total que soy yo sin pretensión alguna y aún y todo, es con ellos donde siento el mayor de los compromisos porque es mi empresa más importante, con mis activos mas valiosos y el proyecto de vida al que me quiero dedicar el resto de mi vida.

No hay familias perfectas pero como sea que estemos unidos o integrados es perfecto.

No tenemos que dar jamás explicaciones a nadie de las decisiones que nos llevaron o nos llevan a integrar nuestra familia de tal o cual forma. Hacer familia no siempre va del árbol genealógico o de los parentescos, a veces simplemente va del alma, del deseo de compartir y de estar con alguien que coincida en algunos puntos con nuestra misión de vida o que nos eleve a ser mejores personas para ser dignos del amor de familia, para que nuestra pertenencia a ese espacio sea honrado por nosotros y por los miembros de nuestra imperfecta familia.

Karla Lara

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