Por la psicoterapeuta Patricia Elías Atala*

La pandemia ha traído consigo una serie de cambios importantes, sobre todo ha sido un período de pérdidas: seres queridos, estilo de vida, libertad, salud y de nuestras redes de apoyo económicas. Ante ello nos hemos visto obligados a distanciarnos y modificar nuestras relaciones, siendo los adultos mayores la población más afectada.

Nuestros padres y abuelos se convirtieron en grupo de riesgo, circunstancia que ha generado un estado de miedo generalizado que les impide tener una vida plena, tanto a ellos como a sus seres queridos.

Esta problemática puede mejorar tomando en cuenta las siguientes recomendaciones:

Escucharlos. Como seres humanos, nos gusta que los demás nos presten atención; el poder liberar sentimientos y emociones a través de la plática con la familia se vuelve importante para que ellos mismos puedan acomodar sus pensamientos.

No perder contacto. Si se está lejos, es necesario mostrarles afecto mediante una llamada, videollamada, mensaje, etc. Esto con el fin de brindarles seguridad a pesar de las adversidades y mostrarles que no están solos. Es importante ayudarles a poner en palabras aquello que sucedió durante el confinamiento para resolver situaciones que no tenían solución.

Evitar ocultarle situaciones. A pesar de no comentarles, los adultos mayores saben cuando algo sucede. Es por ello que se debe hablar de una manera precavida, ya que en ocasiones en nuestra propia angustia evitamos comunicarles las cosas y se convierten en un intento fallido que sólo alarga el problema.

En este diálogo que entablemos con nuestros padres y abuelos es importante no caer en un discurso infantilizador. Es cierto que debemos de ser pacientes, tolerantes ya que sus procesos de forma generalizada son más lentos y recordar que sus costumbres están muy arraigadas y que difícilmente pueden modificarlas.

¿Y después?

Ahora el reto que esta población se enfrenta es la nueva normalidad, volver a tener contacto. Existe el conflicto entre un deseo fortísimo de volverse a reunir con los suyos y el peligro real de contagio, ante este dilema es importante desarrollar estrategias que minimicen el riesgo y ayudarles a ello sin caer en la persecución, por ejemplo:

  • Medidas de salud: uso de mascarilla, lavado de manos, usar gafas para evitar contacto con los ojos, etc.
  • Definir límites: nuevas formas de saludar a sus familiares y conocidos, con qué personas podrá relacionarse ya que llevaron un cuidado similar al suyo, cómo se harán estas relaciones de convivencia en lugares abiertos.
  • Plan de acción en caso de contagio: que sepan dónde acudir, verificar signos de alarma, asignar a personas que le apoyarán en el proceso; esto con la finalidad de dar tranquilidad y libertad en caso de que ocurra.

Es normal que experimenten miedo, sin embargo, si este es excesivo es momento de ayudarles a pedir ayuda para poder manejar una pérdida o conflictos emocionales. Parte de la fortaleza emocional es la capacidad de pedir ayuda, muchas crisis de vida necesitan de un tercero para resolverlas y acomodarlas ya sea a través de una psicoterapia, con amistades, meditación, ejercicio, entre otras.

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*Patricia es coordinadora de terapia a distancia en Clínica de Psicoterapia y Psicoanálisis Polanco.

Correo: contacto@clinicapolanco.com.mx

Teléfono: 55 5280 7524

Editado por Cris Mendoza.

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