Así como cuidamos el rostro, las bolsitas de los ojos y el cuerpo, es preciso ponerle atención a esa parte íntima y tan tuya: la vulva.

Sí, qué difícil es decir la palabra “vulva”, esos labios que resguardan a nuestra vagina (otra palabra tabú) y que descuidamos mucho porque… ¿por qué? Ese es el punto… somos muy cuidadosas con las líneas de expresión, gastamos dinerales en tratamientos con sueros, cremas y aceites para la delicada área de los ojos, pero no le damos atención a la vulva. Y la necesita.

¿Por qué cuidar mi vulva?

De entrada, sabemos que somos proclives a las infecciones por muchos motivos: rozadura de pantaletas o tangas, arena del mar, exceso de consumo de azúcar o incluso enfermedades de transmisión sexual. La vulva recibe el trato más duro al proteger la vagina.

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Foto de Malvestida Magazine en Unsplash

¿Por qué lastimo a mi vulva?

Piensa en todas las veces que te has rasurado o depilado con cera o inclusive fotodepilación… ¿no te deja comezón el rastrillo sobre el Monte de Venus? ¿Y qué tal si usas toallas y pantiprotectores o pañales de contención urinaria? Cuándo te pones las lycras para hacer ejercicio o andas en bicicleta, el sudor hace su parte y te causa comezón. Ya no hablemos de las pantaletas de encaje o de una sesión de sexo intensa, en la que tu vulva participa activamente.

Todo eso provoca que te duela, te arda o se maltrate, y aunque todas somos distintas, nuestra piel y PH también, es un hecho que la vulva es una parte muy delicada que no debes dejar al garete…

¿Cómo lo evito?

Pamela Clynes, creadora de Intimate Pace Care, un bálsamo especial para esta delicado zona, nos da algunos consejos que debes tomar en cuenta.

  1. Dale respiro a tu piel: Alterna tus calzoncitos sexies, de lycra, spandex y encaje con pantaletas ciento por ciento de algodón. Si bien todos traen puente de este material muchas veces el Monte de Venus queda expuesto a las telas artificiales que lastiman.
  1. Usa calzones pijama: Sí, los que ya se hicieron guangos, los que se ensuciaron en una noche de menstruación y ya no te los pones de día… Deben ser de algodón y quedarte holgados, para que no maltraten tu ingle y vulva durante el movimiento corporal nocturno.
  1. No te talles en la regadera: Los ginecólogos recomiendan lavar la vulva y vagina con agua, y si acaso, utilizar fórmula especial para las partes íntimas (el famoso shampoo femenino), pero nunca uses jabón aunque sea neutro (esto debes confirmarlo con tu ginecólogo, porque hay mujeres que son alérgicas a los shampoos íntimos). De cualquier modo, no introduzcas el líquido dentro de la vagina.
  1. No te toques con las manos sucias: Ni que te toquen… parece obvio, pero hay hombres que deciden darte placer sin lavarse las manos y eso causa infecciones; a veces nosotras mismas vamos al baño o nos cambiamos la copa menstrual o el tampax sin lavarnos las manos. ¡Nunca hagas nada de eso!

La última recomendación de Pam sería un producto de su marca: el balm sanador de vulva elaborado con aceites esenciales e ingredientes ciento por ciento orgánicos.

Su función es protegerte, aliviarte y restaurar el equilibrio de tu PH de forma natural. El aceite Peace Intimate Care contiene ingredientes orgánicos para proteger pieles sensibles, mantener hidratada a tu vulva y tu Monte de Venus; también previene las rozaduras por fricción de la ropa e inclusive funciona como lubricante para el sexo natural (no es compatible con el látex). Absorbe rápido y no deja manchas en la ropa.

“La verdad es que puedes usarlo simplemente por el placer de cuidar a tu vulva, como parte de tu rutina de belleza por las mañanas o las noches, antes de dormir… Dale tranquilidad, úntala suavemente cuando necesites un respiro y agradece todo lo que hace por ti”, concluye Pam.

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