En general, el sistema inmune está dividido en dos subsistemas, ambos vitales para proteger al cuerpo de organismos invasores: el sistema inmune innato y el sistema inmune adaptativo.

El primero, es heredado genéticamente por los padres y se encuentra activo desde el nacimiento, y aunque no es tan poderoso como otras partes del sistema general, es la primera línea de defensa, la cual ataca rápidamente a todas las sustancias extrañas, llamadas antígenos. El sistema inmune innato está conformado por barreras inmunológicas físicas y químicas, como el reflejo de toser, la piel, las membranas mucosas o el ácido gástrico.

Y cuando pasa el primer filtro…

Cuando algún organismo invasor logra atravesar esta primera barrera, entonces debe enfrentarse al sistema de inmunidad adaptativo, el cual está cambiando y adaptándose constantemente a antígenos a los cuales nos exponemos a lo largo de la vida para, así, construir y clasificar defensas para combatirlos.

Las células principales que conforman este sistema son los linfocitos T y B, que además de reconocer a organismos invasores con un alto grado de especificidad, ‘recuerdan’ cómo luchar contra aquello a lo que se han expuesto en el pasado.[iv],[v]

Pero, así como el sistema inmune va madurando a lo largo de la vida, también va cambiando debido al envejecimiento: El sistema inmunitario de un bebé es completamente inmaduro, mientras que en la niñez se forma una gran cantidad de linfocitos que ayudan a tener una capacidad mayor de enfrentarse a nuevos microorganismos e implementar respuestas inmunes.

Ya en la edad adulta, este sistema se caracteriza por tener la madurez necesaria. Debido a esto, los adultos y adolescentes sufren menos catarros que los niños, pues sus organismos han aprendido a reconocer y atacar inmediatamente a muchos de los virus que provocan los resfriados.

Sin embargo, conforme avanza la edad, este sistema ya no trabaja igual, se vuelve más lento para responder, lo cual, con el tiempo, incrementa el riesgo de enfermarse.

Debido a la relevancia que tiene este sistema para mantenernos sanos, es fundamental fortalecerlo durante todas las etapas de nuestra vida, de manera que sea capaz de detectar aquello que nos puede generar alguna enfermedad y cumpla su función de lucha contra las enfermedades.

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Fortalece tu sistema inmune

Una de las estrategias más relevantes para fortalecerlo implica un aporte suficiente de vitaminas y minerales, incluyendo:

Vitamina D: Es un nutriente indispensable para que el sistema inmunitario sea capaz de combatir virus y bacterias, y, a diferencia de otros nutrimentos, esta vitamina se puede obtener no solo a través de la dieta y de suplementos, sino también ¡tomando el sol!

Y es que el cuerpo la produce cuando la piel descubierta se expone directamente al sol. Adicionalmente, los alimentos ricos en esta vitamina incluyen pescados grasos, como la trucha, el salmón y el atún. El hígado de ganado vacuno, el queso y la yema de huevo también la contienen, aunque en cantidades pequeñas.

Zinc: Otro buen aliado del sistema inmunológico es el Zinc, un mineral que tiene actividad contra muchos agentes virales y participa en el mantenimiento y desarrollo de las células inmunitarias.

Además, este micronutrimento participa en la división y el crecimiento de las células, al igual que en la cicatrización de heridas y en el metabolismo de los carbohidratos. Las proteínas animales son una buena fuente de Zinc; las carnes de res, cerdo y cordero lo contienen en mayor cantidad, en comparación con el pescado. Otras fuentes valiosas son las nueces, los granos enteros, las legumbres y la levadura.

Vitamina C: Tal vez la más conocida de las vitaminas que ayudan a fortalecer al sistema inmune, la cual actúa como un antioxidante y protege contra infecciones del tracto respiratorio inferior.

Todas las frutas y verduras contienen cierta cantidad de vitamina C; sin embargo, las que ofrecen un mayor aporte son: melón, naranjas, toronjas, kiwi, mango, papaya, piña, fresas, frambuesas, moras y arándanos, así como brócoli, coles de Bruselas, coliflor, pimientos rojos y verdes, espinaca, col, y papas.[xviii] ,[xix]

Lamentablemente, factores como una alimentación deficiente, algunas enfermedades, e incluso el confinamiento actual que impide que los rayos solares entren en contacto directo con nuestra piel, se interponen entre estos micronutrimentos y nuestro sistema inmune.

Para obtener un aporte suficiente, además de seguir una dieta rica en vitaminas y minerales, en algunos casos es recomendable consumir alimentos fortificados y multivitamíncos.

La idea es combinar las vitaminas C y D con el Zinc para ayudar a fortalecer las 3 capas del sistema inmune, ayudando a mejorar la respuesta inmune del cuerpo como terapia complementaria efectiva para infecciones respiratorias graves, crónicas o recurrentes, al tiempo que brinda defensa antioxidante. Además, no contiene azúcar, por lo cual es apto para el consumo de personas que viven con diabetes.



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