Hay shows en la moda que simplemente no tienen precedentes, la reina Isabel fue uno de ellos. 

El año pasado, Donatella Versace hizo una retrospectiva de las colecciones de Gianni invitando a las súper modelos de los años 90 a desfilar en la pasarela, como lo hicieron junto a su hermano. Esto fue épico para quienes aman la historia de la moda. 

Sin embargo, esta semana ocurrió lo que para mí fue el evento más trascendental en la historia de la moda, cuando su majestad la Reina Isabel hizo una visita sorpresa al último show de la semana de la Moda de Londres, el show del joven Richard Quinn. El único indicio de que algo especial ocurriría fue el cojín de terciopelo azul que la esperaba. La reina se sentó junto a Caroline Rush, la jefa ejecutiva del British Fashion Council, y de la dama Anna Wintour, editora de Vogue. Al final del show, ella le otorgó a Quinn el primer premio “Queen Elizabeth II Award for British Design”. 

Entre risas y la sorpresa de su visita, la reina se vio muy relajada. Aunque la reina ha roto varios protocolos reales, mi criterio es que ha mantenido el equilibrio perfecto entre la tradición de la corona y la innovación de los tiempos. En una época de poderío, esta mujer luce aún más emblemática, al ser toda una dama que ha sabido mantener el balance impecable entre poder, trabajo y familia, luciendo exitosa en todos los ámbitos. La reina vistió sus tradicionales trajes de pieza, chaqueta y falda de color azul claro, toda combinada, y se vio encantada con la colección de Quinn. 

Para Quinn, quien presentó su segundo show solo en la Semana de la Moda de Londres, estudiante prodigio de la afamada escuela de moda Central Saint Martin, obtuvo la validación máxima por ambas reinas, la reina de Inglaterra (y a mi criterio, en la actualidad, la reina más significativa de las monarquías existentes) y la reina de la moda. 

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