Todos pasamos por el amargo e “insuperable” momento de perder a un ser querido. Más allá del dolor irreparable que esto produce, es importante saber qué hay detrás del duelo, tanto en adultos como en niños. 

Proceso de duelo en adultos

Son muchas las emociones, sensaciones e incógnitas que están presentes cuando se nos muere un ser querido, es una confusión constante que te hace preguntarte una y otra vez: ¿por qué tú?, ¿por qué nos tocó vivir esto?, etc…

Es entonces cuando empezamos a atravesar por el duelo, proceso que es fundamental vivirlo para poder entender lo sucedido de manera directa y llevarlo de forma correcta, sin disimular, sin aparentar… El duelo se siente y se vive, cada quien a su manera pero es fundamental hacerlo.

Seguro has escuchado a alguien decir: “no llores, tienes que ser fuerte”… esto es un “consejo” errado. El duelo se vive de manera diferente, en tiempos diferentes y con intensidades diferentes en cada persona.

¿Qué pasa si no lo haces? Podrías experimentar problemas psicológicos a largo plazo, como crisis nerviosas, depresiones, dependencia de la persona que vive contigo, entre muchísimas otras.

Proceso del duelo

Proceso del duelo

Y los niños…  ¿cómo viven el duelo?

“En el caso de los niños la historia es un poco distinta ya que, en México de los más de 39 millones de niños, niñas y adolescentes, 4 millones de ellos viven en contextos sociales donde la muerte o separación de sus padres y otros seres queridos es cada vez más común. Esta realidad puede representar un fuerte golpe emocional en la infancia, con impactos que, de no ser atendidos, pueden afectarlos de por vida”, así lo aseguró Gerald Fuchs, Subdirector de Comunicación de Seguros Monterrey New York Life, quien además añadió que  existen actitudes tanto en niños como adultos que son normales ante estas situaciones:

  • Conmoción y confusión al haber perdido a una persona amada.
  • Ira por haber sido abandonados.
  • Miedo a perder al progenitor que sigue viviendo.
  • Regresiones a actitudes de niños de menor edad.
  • Culpa.
  • Tristeza por la pérdida, que se puede manifestar con insomnio, anorexia, miedo a estar solo, falta de interés por las cosas que antes les motivaban y disminución acentuada del rendimiento escolar.

En el caso de los niños suelen tener una conducta un poco desesperante para los padres o representantes con quienes viven, suele “llegar a creer que deben estar protegidos para que no sientan dolor y que los adultos deben esconder sus emociones o disimularlas ante ellos.”

Ante esta situación lo mejor es la comunicación abierta y hacerle entender al pequeño por el proceso que están pasando. La ventaja para ellos es que suele ser menos duradero que el proceso de duelo de los adultos.

Estas situaciones de vida nos hacen madurar en poco tiempo, alcanzando notar un panorama más amplio del ciclo de vida que estamos cumpliendo.

Es sano que llores, que quieras estar sola, que quieras correr, comer o no hacerlo y hasta ni bañarte, pero lo importante es que te levantes y continúes aun con la ausencia de ese familiar que ya no está.

Información sugerida por Seguros Monterrey New York Life

 

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