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Me acuerdo que la veía en el canal E! Entertainment haciendo entrevistas y de repente me la topaba en eventos porque #beautyblogger

Me parecía una mujer guapísima, con clase, inteligente, y sentía que era de esas personas que lo tenía todo: un novio que la adoraba, un trabajo de ensueño, una hermana generosa y millonaria, ¿qué más se le puede pedir a la vida cuando eres, haces y tienes LO QUE QUIERES y no “lo que te toca”?

Eugenia Debayle era para mí una mujer admirable en toda la extensión de la palabra, por eso cuando me enteré que estaba internada en un hospital, así, de la nada, me asusté. ¿Qué le pasó?, me preguntaba. Y semanalmente ponía en Google: “Eugenia Debayle accidente”, “Eugenia Debayle en el hospital”, “Eugenia Debayle derrame cerebral”…

Leía una nota por aquí, escuchaba una nota por allá. A la fecha sólo recuerdo dos: una de TV Notas que decía que estaba en coma y una declaración de Martha Debayle, en su propio programa de radio, diciendo que su hermana estaba bien, estaba perfecta y que no hablaría más al respecto porque básicamente no había nada que decir. Me cayó mal, me acuerdo.

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¿QUIERES ENTREVISTAR A EUGENIA?

Para no hacerte largo el cuento largo, recientemente fui a las oficinas de Editorial Planeta a entrevistar a una de mis autoras favoritas, Gaby Pérez Islas; al terminar, la coordinadora de prensa y relaciones públicas me dijo: “¿Quieres entrevistar a Eugenia Debayle? Va a sacar un libro, te lo puedo dar para que lo leas y de una vez programamos la cita para el próximo lunes a la 1:30 pm”. Sobra decir que le dije que por supuesto que Y·E·S!!!

Ese día volé a Playa del Carmen y me alcanzaron las horas de espera (tres para ser exacta porque salió retrasado), las horas de vuelo (dos más o menos) y un par de tazas de café (otras dos horitas aprox.) para terminar el libro. Desde que lo abrí NO PUDE PARAR.

No te lo voy a spoilear porque siento que definitivamente vale la pena leerlo. Este post es un extracto de la entrevista que le hice y mi reflexión sobre su historia: se puede pasar de tenerlo todo a estar en coma de un día para otro sin decir ‘agua va’. Y lo más importante: puede uno reponerse y salir adelante fortalecida, pero se necesita muuuuucha voluntad y una dosis gigante de buena actitud.

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ACLARACIÓN IMPORTANTE

Ahora bien, aquí va una aclaración muy importante que me reveló Eugenia durante la entrevista, QUE NO SALE EN EL LIBRO.

Eugenia Debayle estuvo “muerta” 43 minutos, pero eso, como mucha gente sabe, es literalmente imposible. Por protocolo internacional, pasados algunos minutos (desconozco si 10, 15 o 20) se prohíben las maniobras para revivir al paciente porque, aunque “resucitara”, lo haría en estado vegetativo debido a la falta de oxígeno del cerebro durante tanto tiempo.

Mi ex cuñada, por ejemplo, estuvo 17 minutos en ese proceso antes de que salieran los doctores a decir que no había nada más que hacer porque, aunque lograran revivirla, regresaría en condiciones deplorables. Después de todo, nadie quiere ver a su familiar prostrado en una cama sin poderse mover, caminar, hablar o comer…

Entonces, ¿cuál es la aclaración que quiero hacer que no sale en el libro? Y no sale porque para cuando Eugenia se enteró de esto, el libro ya estaba impreso: que durante esos 43 minutos su corazón SÍ REACCIOBANA, pero se volvía a parar; y volvía a reaccionar y se volvía a parar.

Esto ella lo supo por una doctora con la que coincidió hasta hace relativamente poco, y ésta fue la que le dijo: “Yo siento que no te querías ir porque tu corazón de repente latía y de repente se apagaba… Siento que tu alma se quería quedar”.

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Con Eugenia en Editorial Planeta.

ACEPTAR, OK, ¿PERO AGRADECER?

Siempre he creído que la máxima etapa de un aprendizaje es cuando se agradece haber no sólo superado, sino pasado por la tormenta. Sinceramente no sabía qué esperar cuando le preguntara a Eugenia sobre si agradecía haber vivido aquel calvario.

“¿Te digo algo?”, me respondió, “sí lo agradezco y sí lo volvería a pasar. Siento que hasta el libro se queda corto, por más que traté de expresar lo que viví con palabras, la realidad es que es in-narrable. Porque aprendí una información que no se aprende ni en un libro, ni en Google, ni con un doctor. Es algo que sólo aprendes cuando te pasa algo así. Además esto me hizo acordarme que soy fuerte y me hizo más compasiva, más tranquila, más paciente. Me hizo darme cuenta que, como decía Oscar Wilde, la vida es demasiado importante para tomársela en serio”.

Al preguntarle sobre si hay una “Nueva Eugenia” después de esta experiencia, responde que no siente que es así. “No siento que cambié o que tengo otra personalidad, ¡para nada! Sigo siendo la misma, aunque sí me costó trabajo al principio porque anhelaba a la otra Eugenia y me daba miedo ser una versión más chafa. Hoy entiendo que es nada más soy una versión diferente.

Soy la misma pero con otra visión, otra perspectiva, otra energía… Ya no voy al mismo ritmo, tengo otro drive. Además de que físicamente no tengo la misma movilidad que antes; no me visto igual de rápido, me toma más tiempo. Me baño más lento, tengo otro pace, otro ritmo”.

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EL “SUEÑO” DE LA MATERNIDAD

Y si tuviéramos que llegar al meollo del asunto hablaríamos entonces del aborto espontáneo que la llevó aquel día al hospital… Un procedimiento que debía ser de rutina se convirtió en un parteaguas para la fundadora de la revista de belleza más reconocida de México

“Desde joven tuve muy claro que no quería ser mamá. Como mi esposo ya tiene una hija de 12 años, Olimpia, a quien adoro, esa parte ya la tenía como en Checked. Entonces cuando llegó la sorpresa sí nos sacó de onda, pero fue una bonita sorpresa que nos alegró la vida. ¡¿Te cae que a los 44 años estoy embarazada?! Dije WOW, bueno, pues seré la mamá madura del parque… pero eso tampoco ya no sucedió.

“Y ahora que ya no sucedió y que ha pasado toda esta historia, creo que ya otra vez estoy muy clara en que no me tocó ser mamá. Y sí, a veces me entra la cosa de que nunca voy a experimentar las pataditas, ese amor incondicional… Porque dicen que los bebés son como un orgasmo, hasta que no tienes, no sabes qué se siente. ¿Pero te digo algo? Tampoco me compro historias así. Tener o no bebés no me hace ni menos feliz ni menos realizada”.

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Las reacciones hacia el libro no han parado en redes sociales. Se convirtió rápidamente en Best-Seller, y con mucha razón, pues es una historia de lucha y recuperación que estremece.

“Escribí este libro para ayudar a la gente que está pasando por momentos de duelo o pruebas de la vida, aunque no sean precisamente como la mía. El libro le dio significado a lo que me pasó y por eso he estado muy feliz de que me pregunten cosas, porque ahorita una de mis misiones o propósitos que tengo es compartir mi experiencia.

“Mucha gente me ha dicho que ha llorado y yo pienso que no están llorando por mí, sino porque la historia les mueve algo a ellos. Y eso me gusta mucho porque quiere decir que el libro está cumpliendo con su misión de mover, de ser terapéutico, y tal vez, de arreglar ciertas cosas”.

Para ver la entrevista en video, da click aquí.

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