Esta vez no me refiero al poder del azul elegido por Pantone como ganador del año (el Classic blue) ni a cierto detergente ni tampoco al llamado Blue Monday, que precisamente es hoy, bueno, del día más triste del año puede que sí toquemos el tema. Específicamente vamos a hablar de lo que sucede cuando por fin dejas de evitar a la tristeza y le das la cara encontrando así, lo que yo llamo: el poder del azul.

Los chicos no lloran

Y es que, ¿sabes?, evitamos estar tristes y que lo estén al rededor nuestro, como si fuera una especie de gripa… justo tenemos miedo de contagiarnos. A la tristeza la hemos catalogado (junto con el enojo y el miedo) como un sentimiento «malo», así que cuando nos aconsejamos osamos decirnos frases (que pensamos son consoladoras) tales como: «no estes triste», «no llores», «mejor sonríe», «no te encierres», «cambia el tema» y otras peores de castrantes e invalidadoras para un sentimiento tan noble y natural como lo es la tristeza.

La psicoterapia moderna sabe que tratar con los sentimientos es un menester humano. No somos máquinas puramente mentales, no solo razonamos, no todo se resuelve en la cabeza o dándole la espalda, ¡sentimos y con todo el cuerpo!

¿Apoco no has sentido ese dolor de pecho al romper con alguien? o ¿se te brinca la vena y se te hace un churro la panza en un enojo?, ¿no te pones rojo cuando te avergüenzan? Y justo tapar o querer evitar un sentimiento que toca la puerta de nuestro corazón es como querer contener una presa de agua… se va acumular, va seguir insistiendo, va cobrar más fuerza y cantidad y va terminar por estallar la puerta.

Siempre sí, hablemos del Blue Monday

La vida a veces nos da motivos para estar tristes, gracias al cielo no siempre y también nos da motivos para estar felices. Tampoco seamos exagerados ni nos instalemos ahí. Pero, por ejemplo, hoy blue monday se supone que en la generalidad, estamos bajoneados como sociedad porque nos cayó el veinte de que ya acabaron las fiestas, volvimos a la rutina, estamos súper gastados económica y físicamente, el clima está melancólico, –aquí en CDMX, amaneció frío, ventoso y con lluvia, además es lunes, el día menos querido por la mayoría de la gente y por si fuera poco, algunos ya rompieron sus propósitos de año nuevo.

* Por cierto fue un psicólogo inglés quien acuñó el término Blue Monday tras hacer una fórmula matemática que según él, arrojó cuál sería el día más triste del año.

El poder azul

A los psicoterapeutas gestalt-humanistas nos enseñan a trabajar con la gama de sentimientos que un paciente puede presentar (así como los que nosotros mismos presentamos) a distinguirlo, nombrarlo, dejarlo salir, validarlo y sostenerlo… y para no darte la clase ni el resumen de mis libros, solo te diré que es debido a dos cosas importantes:

  1. que cualquier sentimiento tiene una función de desarrollo y comunica la respuesta de lo que necesitamos hacer y,

2. porque solo dejándolo existir es como se «resuelve», (sin exagerarlo o disminuirlo, sin instalarse perennemente ahí y lo mejor: apagándose después.

La tristeza en específico, tiene la función de hacernos introspectar (ver hacia dentro de nosotros mismos) y aislarnos un poco para revisar en el silencio de la cueva. Si dejamos fluir esas lágrimas, si nos encerramos por una tarde, un par de días, o hasta una semana entera ¡cuál es el problema! no estamos obligados a ponerle buena cara a todo, todo el tiempo. De hecho es más recomendable darle la cara al sentimiento en cuestión: aceptándolo primero.

Has oído eso tan bizarro-cursi de «abraza tu tristeza»… pues a eso se refiere y no te asustes porque no significa que te instales permanentemente en ella, al contrario.

Cómo abrazarla

Lo que pasa es que la gente se preocupa por que te quedes instalado para siempre en ese dolor o pesar, que te vuelvas depresivo, llorón o melancólico eternamente. Pero justo apartarse, echar la lágrima, oír canciones tristes, dormir toda una tarde, ver fotos o recordar, filosofar, leer, escribir al respecto, la poesía, dejarte apapachar y escuchar por quien te lo permita, tendrá el efecto contrario.

Recuerda que las lobas se meten hasta el fondo de la cueva a lamer sus heridas, se recuperan y luego cuando se sienten listas, salen victoriosas a encontrarse con el mundo nuevamente.

Ese es el poder del azul: así que llora si quieres.

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