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Sí, sí se puede. Porque la espiritualidad no es exclusiva de la religión hindú ni de la dieta vegana, porque el espíritu es mente, no magia; porque la energía del cuerpo (la buena y la mala vibra, por ejemplo) no es imaginación: es ciencia, es física, es química, y todo ello viene del cerebro, no de decretos y pensamientos mágicos.

Los últimos 15 años, quizás, hemos vivido una explosión de información relativa a la espiritualidad, relacionada con la física cuántica y la teoría de las cuerdas, de las que mis amigos “new age” me hablaban con mucha vehemencia. En ese momento no lo entendí, pero después me di cuenta de que hacía sentido: si somos materia y energía, si nuestro cerebro es química y física y toda transformación no es más que energía, creemos lo que queremos creer. O en pocas palabras: somos lo que pensamos.

Esto, amigas, es lo que quiero compartirles luego de meses de lecturas, investigaciones, cursos y terapias en las que me involucré para descubrir que la espiritualidad no es magia, sino acción. Lo dijeron Foucault y hasta Stendhal, con todo y que eran estudiosos de la sociedad y no de la espiritualidad del individuo: los humanos somos imperfectos, mezquinos, procaces, celosos, egoístas y torpes por naturaleza. También somos duales y experimentamos muchas emociones.

Lo que quiero decir es que la espiritualidad derivada de las disciplinas y terapias alternativas (como el yoga, el reiki, el tethhealing, la angelología, el tarot, las limpias y hasta el coaching de vida), es tan útil como inútil en la medida en la que estemos dispuestas a hacernos conscientes de quiénes somos, cómo interactuamos con los demás y qué queremos en la vida. Neta, pero neta.

Ser autocríticas (no mártires) y honestas con lo que hemos hecho y también con lo que hemos permitido, es reconocer lo positivo de nuestro carácter y ver lo
negativo para corregir lo que no
nos gusta de nosotras mismas; 
no usar a las demás personas y
medir las consecuencias de lo
que hacemos, es ser espiritual.

Por eso cambiar es tan difícil, porque es como dejar de fumar o de comer tamales: ¡ay, cómo cuesta cuando nos gusta! Nos hemos acostumbrado tanto a ser de cierta forma y ya no creemos que podemos cambiar nunca más en la vida. Pero todo es posible si nos comprometemos, y así como podemos dejar el tamal, también podemos dejar de pensar negativamente, de ser prejuiciosas, lastimar a los otros o armar panchos de todo.

Es aquí donde entran en juego el yoga y las disciplinas sanadoras: meditar es la mejor forma de no engancharse con los pensamientos y desestresarse. Podemos sostenernos de todo lo que creamos que puede abrirnos la mente y llevarnos a la calma.

Jennifer Aniston se ha convertido en una gurú del yoga. Siempre ha dicho que le sirve “para todo en la vida, me da muchísima calma y hasta me ejercita”, y lo recomienda tanto como advierte que no está cool volverse yoga-dependiente: “un tiempo estaba súper obsesionada con el yoga, el ejercicio y todo lo que comía; después en- tendí que disfrutar la vida no es eso, sino aprovechar lo que te aportan esas cosas para buscar bienestar y agradecimiento”.

¡Ese es el punto! Usarlo a nuestro favor, no como un escudo de la negación ante los problemas, para luego salir a la vida a ser igual de mezquinas y mártires que siempre.

jennifer-aniston-yoga

Karina Velasco es una de las grandes impulsoras de esta relación existente entre el yoga y la transformación de vida. He leído sus dos libros: Los colores del amor y El poder de la transformación, donde habla de los hábitos espirituales cual si fueran ejercicio físico: te propones metas pequeñas, una por una, hasta llegar a las metas más grandes, a través de pensamientos positivos que llevan al cambio.

Karina propone un ejercicio de cambio que aplican también los sicólogos, piensa en un deseo y ve escalón por escalón: Intención- Propósito-Motivación-De- terminación-Acción-Perse- verancia-Cambio. Lo comenté con varias de las sicólogas que consulté, y coincidían en esta fórmula. ¡Todo está relacionado!

Eso sí, la parte cruda de las disciplinas espirituales es que no hay magia, como a veces parece. Si no eres introspectivo, si no hurgas en lo más oscuro de tu corrompida alma, de nada te sirven los chakras y la espiritualidad. De nada. El chiste de acudir a ellos es ayudarte a entrar y levantarte de ese horrible lugar al que nadie quiere ir, para resolver los traumas de tu infancia y los do- lores experimentados a lo largo de la vida.

Walter Riso es otro autor fundamental en la sicología editorial de Latinoamérica con sus libros sobre la pareja, puntualmente, en los que habla sobre no amar desde la necesidad, sino desde la generosidad. Es el clásico “si no te amas, no podrás amar a nadie”, y es cierto.

Ilustración de Idalia Candelas

Ilustración de Idalia Candelas

 

No querernos tratar de retener al otro por el motivo que sea, o aferrarnos a un matrimonio que ya está roto. Eso es no ser espiritual, no importa si eres una master yogui. Perjudicar a los otros porque no te gusta lo que dicen, o reaccionar desde tu egoísmo, es no ser espiritual, no importa si estás en el nivel más alto de tetha-healing.

Madonna lleva años haciendo yoga y eso no fue escudo inmunizador en el álgido momento de su separación de Guy Ritchie, ni tampoco la “salvó” de su conflicto maternal con el pequeño Rocco, ni de tomar malas decisiones musicales. Nadie es perfecta porque sea espiritual, devota a su religión, o lleve diez años en sicoterapia.

Las sanadoras y las sicólogas van al mismo lugar al que nos invita la renovación espiritual: es sabernos humanas, que nos seguiremos equivocando, que nos van a seguir pasando cosas y vamos a sentirnos muy, pero muy mal; pero podremos enfrentarlo mejor y no caer en el drama. Claro que tampoco significa aguantarnos todo lo que nos pase; es, simplemente, alumbrarnos a pesar de la oscuridad.

Al final, no importa el camino que tomemos o de qué nos ayudemos, busquemos el camino espiritual en nuestras acciones y seamos congruentes con ellas; se trata de la claridad, no de la magia del Ommmmm.

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