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Por amabilidad, educación, simpatía; para agradar, caer bien, no sacar ampollas. Son muchas las razones que nos llevan a no saber –o no poder– decir NO. Desde un café hasta un favor pasando por una propuesta laboral, ¿por qué %/&-$·”! es tan difícil negarnos?

Corría la mañana de un miércoles (jeje, mentiras, no me acuerdo qué día era, pero sí era de mañana… creo) cuando recibí el mensaje de Reina Misovarios (ya sabes que es un nombre ficticio porque luego me meto en problemas).

Por Whatsapp, Reina me pide una cantidad de cosas exagerada para una campaña de productos de belleza… Cuando le pregunto cuál es su presupuesto me contesta que nada, cero; que todo eso que requiere (1 video blog, Unboxing, 10 stories untándome el producto, 5 stories con Swipe Up, 1 reseña en el podcast, 3 fotos en el feed, todos los textos autorizados por ella) es “por intercambio”.

“Híjole, manita. Fíjate que no se va a poder”. Casi casi así le contesté… Le dije que no había forma porque, básicamente, yo también como, pago renta, celular, reemplacamiento, contadora, gimnasio, etc., y pues que no se podía porque eso que ella estaba pidiendo, otras marcas me lo pagaban, y muy bien. Y que cuando era por intercambio la cosa funcionaba diferente: yo publico cuando quiero, lo que quiero y si quiero, pa’ empezar.

Pero Reina, que por cierto no es mexicana (nunca me quiso decir dónde vivía), sabe insistir y sabe por dónde llegarte, así que me convenció. Me mandó un documento que, para variar, firmé sin leer (a ver si ya aprendo a leer antes de plasmar mi hermosa rúbrica en todos los papeles).

Al cabo de unos días llegaron los dichosos productos: un lipstick de $428 pesos y una body lotion bronceadora de $685. Muy rositas, muy monos, pero casi me da el tramafac cuando me di cuenta del trabajal que esos productitos me iban a costar. Porque se dice fácil, pero TODO trabajo requiere tiempo y esfuerzo.

Total se atravesó la marcha del 8 de marzo y nuestra huelga significativa del 9; Reina no paraba de acosarme por Whatsapp. “¿Por qué no has posteado? ¡¡Eso firmaste!! Debes postear ya, necesitamos los textos, las fotos y los videos que vas a subir. Mándalos YA”. Al final le mandé todo lo que pidió, junto a este bello mensaje.

Todavía tuvo las agallas de responderme:

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A lo que yo le respondí con un audio que te mueres (de tan sólo 28 segundos, cada día soy más breve y concisa jejeje). Lástima que ese no lo puedo poner aquí. Pero bueno, la cosa se puso tensa. No volvió a responder y yo no le volví a escribir, ¡OBVIO!

SEND HELP!!!

Lo que sí hice fue buscar a una amiga que es consultora de negocios en Austin, Texas, porque ella es una pistola en estos asuntos.

Larissa Dávila es fundadora de BCO Consulting Group y tiene un podcast que se llama “Estrategia, Negocios y Dinero”, por eso la conocí. Entonces por Whatsapp le puse esto.

Whatsapp-mensaje-Larissa-decir-NO

Pactamos una llamada por Zoom para que, por piedad del bendito Sol que me ilumina, me orientara sobre algún procedimiento efectivo para mandar a la goma a este tipo de personas desde el primer acercamiento, y no al final, porque la verdad es que la propia reputación sí puede salir embarrada. ¿Y cómo pa’ qué? ¿Pero qué necesidad?, ¿para qué tanto problema?, diría JuanGa.

 “Lo primero que te recomiendo hacer es un cambio de creencias: tú no estás VENDIENDO NADA, tú estás OFRECIENDO SOLUCIONES. Porque tú no fuiste a casa de Reina a ofrecerle tu Instagram, ¿verdad? Reina te buscó porque ella te necesitaba para dar a conocer su marca en México. Entonces, punto número 1, si tú crees que estás vendiendo siempre te vas a sentir insegura, incómoda, ¡y sin razón de ser! Porque para empezar, al menos en este caso, ella te buscó a ti”, me dijo Larissa.

“Punto número dos, a la próxima puedes contestar algo así: ‘Mira, si yo acepto, voy a hacer el trabajo enojada, de mal modo, y tú no vas a quedar contenta, entonces las dos nos vamos a hacer un mal servicio. Porque tú no me quieres pagar lo que yo creo que es justo por mi trabajo, y eso me va a hacer sentir mal conmigo y contigo. Entonces me voy a hacer un favor a mí y te voy a hacer un favor a ti: la respuesta es NO. Cuando tú estés dispuesta a pagar o yo esté dispuesta a regalar mi trabajo, nos buscamos’. Y todo eso con una sonrisa gigante, una poker face masterizada, como de empleadx de ventanilla que acaba de escuchar todo tu caso y te contesta sin empacho: ‘entiendo su problema, señorita, pero no la puedo ayudar’. Así”.

“Cada vez que digo que ‘no’ salgo cantando de mi oficina porque no maltrato ni a mi equipo ni a mí por un cliente que no respeta mi trabajo ni valora lo que hago”.– LD

“Mira, Bianca”, continuo Larissa, “cada día, al menos entre 3 y 5 veces, elegimos qué comer. Yo admiro mucho a las chavas que tienen unos cuerpazos y un súper abdomen porque cada elección que hacen va acorde con esos objetivos: ir al gym, echarse la proteína, comer ensalada, tomarse un jugo verde… Bueno, en los negocios es igual: todos los días tengo la opción de cobrar o no cobrar, de defender lo mío y que me pertenece porque tengo experiencia y lo hago bien, porque estoy ofreciendo soluciones reales y sé de lo que soy capaz. Esto claramente es un arte, una disciplina que hay que aprender y practicar”.

TRUEQUES PAREJOS

Ahora bien, otro problema común, al menos en mi trabajo como #blogger, son los intercambios. Muchas veces he tenido 800 cremas faciales y $20 pesos en la cartera. ¿Cómo lidiar con esto?

“Tienes que tener cuidado cómo y con quién haces intercambios. A mí muchas veces vienen a buscarme y me ofrecen distintas cosas; el otro día me ofrecieron bótox a cambio de una consultoría. ¿Cómo le respondí a esta señora? ‘Tú ahorita quieres algo que yo ofrezco, yo ahorita no necesito lo que tú ofreces, entonces el trueque no es justo. Para tu beneficio y para el mío, te voy a enseñar cómo se dice que no: NO’. Cuando quieras pagar o yo quiera bótox, nos escribimos. Te repito, Bianca: no te tienes que enojar porque mucha gente no lo hace por mala onda, simplemente no saben lo que cuesta tu tiempo… pero tú sí”.  

“Obviamente muchas personas te van a decir ‘¿Por qué no me quieres ayudar?’. Ahí lo que tienes que decir es: ‘¡TÚ no me quieres ayudar a mí. Porque tú quieres que yo te ayude a crecer, pero tú no me quieres dar el dinero que yo necesito para crecer’. Es algo en lo he estado trabajando muchísimos años y cada vez me es más fácil decir que ‘no’ por coherencia, porque yo eso les enseño a mis clientes: que aprendan a decir NO a los intercambios donde solamente gana una parte y la otra no. Tú haz tu investigación y cobra lo que tienes que cobrar según tu estrategia de negocio; no te disculpes por tus tarifas ni por aumentar tus precios. Al final la decisión la tiene el cliente y tú sólo quieres trabajar con clientes que te quieren pagar lo que vales, ¿o no?”. 

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Y es que, querida lectora, quizá en este asunto de poner límites perdamos a algunos clientes, nadie dice que no. ¿Pero qué es mejor? Al menos yo ahora tengo claro que si prefiero irme al gimnasio a mi clase de baile es que no estoy cobrando lo suficiente, y la neta es que ya no estoy dispuesta a sentirme abusada porque se siente del cocol (por no decir del carajo jajaja). Entonces uno va sopesando. Porque como dice la súper coach, también existe el salario emocional, pero de ese de hablaré en otro post.

Por lo pronto, ¿qué tal que es cierto lo que me puso Larissa en el chat? ¿Qué tal que viendo Netflix se nos ocurre una idea millonaria? Por justamente conectar con la abundancia de decir: Yo valgo esto y no voy a permitir que las reglas del juego de otro me hagan conectar con la carencia que, además, va en detrimento de mi seguridad y mi autoestima porque me están –y me estoy– faltando al respeto.

“Hay personas que saben lo que vales, por eso quieren trabajar contigo, pero se creen tan inteligentes que quieren que te bajes los chones. Y yo siempre digo: ‘no me los bajo, no me los bajo y no me los bajo’, porque me ha costado mi trabajo saber lo que sé y hacer lo que hago. Ten presente que existen dos tipos de moneda: la del tiempo y la del dinero. Acepta o rechaza proyectos dependiendo de tu estrategia de marketing, etcétera, pero nunca vayas en contra de tus principios, valores y ética personal”, concluye mi amiga fregona, a quien puedes seguir en Instagram @estrategianegociosydinero.

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“Lo que queremos todas las emprendedoras es hacer lo que nos gusta, con las personas que nos gustan, dedicando el tiempo que nos gusta, por el pago que nos gusta. Esto crea un círculo virtuoso de abundancia económica y emocional. Hazte consciente y busca entrar en este ciclo”.

LARISSA DÁVILA, FUNDADORA DE BCO CONSULTING GROUP

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