Hay momentos y situaciones entra el sentimiento de culpabilidad: ¿será que fallé? ¿Lo hice mal?

Si bien es cierto, no somos perfectos y fallamos, aprendemos y nos levantamos (de eso se trata) pero lo que no debe pasar, es que tú misma  te trates mal por cosas que tienen solución… o no. ¡Basta del maltrato a ti misma!

No se trata que te hagas de la vista gorda y no asumas tu cuota de responsabilidad, la idea está en asumir y aprender. Responsabilidad es la clave.

Suelta y avanza…

El primer paso para liberar y avanzar es pedir disculpas, de esas que son sinceras, sanas y con la disposición de hacerlo con el corazón.

Luego, la intensión es que te perdones a ti misma, por fallar y por haberte tratado tan mal o haber permitido que te trataran de lo peor. Perdónate por esto. Luego notarás que la carga no es tan pesada y los pasos serán más ligeros.

Ámate, ámate mucho. De tal forma que le enseñes a los demás cómo es que tienen que quererte. Escucha, ayuda, dedícate tiempo para ti, lee un libro, escucha música, medita y aprende, aprende algo nuevo. Después de esto, quedarás satisfecha.

No vivas del pasado, gran error que casi todos tenemos. Si algo ya dolió, déjalo y vive el presente. Pero si ese algo aún no lo has superado, llóralo, vive ese dolor sin medirlo pero con la certeza de cerrar ese ciclo ¡para siempre!

Pero sobre todo amiga, deja de repetirte que eres culpable por todo. Y sí, quizá te sigas equivocando, pero de lo que se trata es de aprender. 



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