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Yo no leería mucho entre líneas para descifrar por qué la primera dama, Melania Trump, vistió un traje de pantalones tipo tux blanco, al mejor estilo del sufragio feminista, para invocar el sentimiento del poderío de la mujer y reivindicar su respeto. 

El traje Christian Dior y la blusa Dolce & Gabanna, si bien están dentro de la tendencia, va más allá de un modismo, más allá de un sentimiento. Esto es un movimiento de principios con muchos fundamentos. Rememoramos el apoyo de las damas, todas vistiendo de blanco, a Hillary Clinton como primera mujer candidata a la Presidencia de Estados Unidos y, recientemente, en la entrega de los Grammy, donde las actrices utilizaron el simbólico color blanco en sus trajes para enfatizar su apoyo al movimiento anti-discriminatorio a la mujer.

Por estos argumentos me pareció un tanto irritante su vestimenta. Siento que es una burla a tan firmes propósitos y esfuerzos. También siento cierto agravio personal al criticarla; soy la primera en decir que todo esto parte de mujeres apoyando a mujeres, pero en el caso de la primera dama americana, ya en el pasado nos ha demostrado que sus elecciones en materia de moda son banales, no muy pensadas, ni meditadas. Hace un año, durante la inauguración del mandato presidencial, escogió vestir como Jackie O para la toma de poder de su marido. Esto lo hizo para simbolizar ¿quién sabe qué?… ¿si elegancia?… ¿si admiración?..  o  tal vez preestableciendo a su familia como la próxima dinastía americana.

La verdad es que Jackie Onassis escogió, en su momento, ese traje de tweed azul claro, porque era el color que mejor se veía en la tonalidad grisácea que podía transmitir un televisor blanco y negro, considerando que ésta sería la primera toma presidencial televisada. En fin, un vivo ejemplo entre un vestir pensado y un vestir copiado.

Continuando en el evento de anoche, The State is the Union, cuesta asumir que fue casualidad, modismo o ingenuidad la elección del atuendo. Gran factor de impulso de esta nueva fuerza feminista surge, en parte, en protesta a las actitudes chauvinistas de su marido.

Tengamos en cuenta también que desde el año nuevo, la primera dama no había hecho acto presencial con su esposo y en este evento llegaron en vehículos separados, dándole más fuerza a los rumores de problemas matrimoniales. Si ésta es su forma de manifestar más independencia con respecto a su esposo, pues acompañarlo en un acto tan importante hace de todo esto un oxímoron.

Ivanka Trump, por su parte, lució un traje de tweed de Óscar de la Renta sencillo, tejido en estampado de cuadros a media pierna. Si bien Óscar es una marca americana, la misma, hoy en día, es la viva muestra de la diversidad, ya que sus directores creativos son extranjeros, de Latinoamérica y de Asia (el matrimonio García – Kim). Aunque sí se veía linda, el atuendo no impresionó, pero, sin duda, es más representativo y más pensado para la ocasión, si lo comparamos con el de la primera dama.