pensar-positivo

Dicen y dicen bien que a la mente hay que entrenarla como parte del resto del cuerpo, no solo para mantener su actividad idónea de memoria y funciones cognitivas, pero también para que actúe y nos de soluciones cuando son necesarias.

Vivimos tiempos en los que la famosa resiliencia dejó de ser solo una habilidad emocional, para convertirse en un modo de vida que constantemente nos lleva a adaptarnos a lo que sea que se nos presenta. Esa plasticidad cerebral, esa adaptabilidad emocional sucede en nuestra cabeza y esto nos lleva a hablar de elegir correctamente.

Cuando yo era niña mi abuela materna que vivía con nosotros nos decía a mi hermana y a mí: “enamorarse es lo mismo de un guapo, que de un feo, te cuesta el mismo trabajo, así que elige enamorarte del guapo”. A nosotras nos daba risa y claro que no lo tomábamos en serio. El tema es que si llevo esa enseñanza a mi vida para tomar decisiones inteligentes, sucede que es verdad que me cuesta el mismo trabajo pensar mal, que pensar bien.

Ser optimista y ser pesimista; entonces corresponde escoger cómo sí podemos mejorar nuestros niveles de bienestar.

Los medios nos comparten diariamente la situación en la que se encuentra la salud, la economía, la seguridad, la educación, etc., las noticias no son alentadoras y pueden ocasionarnos altos niveles de ansiedad y hasta emociones recurrentes de tristeza, frustración, nostalgia del pasado, duelos diversos, etc. Es decir; claramente tenemos razones válidas y de peso para no estar “tan bien”. Pero, por otro lado, la situación actual nos ha regalado (o regresado), mucho de lo que nos era escaso: tiempo, posibilidad de estar y disfrutar nuestras casas, o pasar tiempo en familia, pareja, nuestros hijos. También hemos podido replantear si lo que hacemos nos gusta o nos hace felices. Nos hemos dado cuenta de cómo es que todos necesitamos de todos y de qué deberíamos de hacer más y hacernos menos para cuidar de nosotros y de los demás. O sea que también ha sido una gran oportunidad para tomar consciencia de muchas situaciones y cosas.

Hace un año ante la noticia de la “cuarentena” que para nada fue de 40 días, quisimos ordenar nuestras casa, desintoxicar nuestros espacios y llenar nuestras agendas al estar en casa, por esa tan arraigada creencia de que estar ocupados nos da valor como personas.

Si hoy hemos aprendido algo de todo lo hecho, quizá, ya sabemos que “menos es más” y que sí importa estar enterados de lo que sucede y que eso no es sinónimo de perder toda esperanza y que sí podemos hacer mucho por nosotros mismos y por lo que amamos, no solo en intenciones pero también en acciones.

Es importante entrenar la mente para pensar en positivo, en “cómo sí”, en disfrutar lo que hay, en mantener la famosa atención plena o “mindfulness”, para estar presentes y no vivir en el pasado y tampoco en el futuro.

Se dice sencillo.

No lo es.

Nuestro cerebro ha estado años y años accediendo a la información que condiciona estar mal afuera es estar mal adentro y nos cuesta trabajo creer que el verdadero “bienestar” viene de nosotros mismos. La fortaleza, la voluntad, la fe, la esperanza, el sentido de merecimiento, el amor propio, el autocuidado, todos nos son absolutamente propios y hoy es cuando tenemos que usarlo de manera sabia. Entrena a tu mente para que enfoque sus esfuerzos en pensar en lo bueno, en lo que agradeces, en lo que te hace sentir feliz o bien, en tus logros, en las personas que hoy te rodean y que son valiosas en tu vida. Entrena diario: medita.


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